“Lo que llamamos casualidad no es, ni puede ser, sino la causa ignorada de un efecto desconocido”; eso lo dijo hace más de 250 años el filósofo francés Voltaire. Y a estas alturas del partido, para mi nada es “casualidad”, y tampoco lo es que la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) esté trabajando en la misión de Artemis II para que la humanidad regrese a la luna. Más bien me parece un tanto “particular”.
Donald J. Trump, el presidente de los Estados Unidos de América, acaba de declarar que el gobierno federal no debería financiar guarderías, ni programas como Medicare, ni Medicaid. Señaló que la prioridad para la actual administración norteamericana es el ejército de su país, o sea, en buen español, seguir invirtiendo en la industria bélica.
Por eso me llama la atención que justo ahora que el gobierno que no quiere invertir en el bienestar, ni en el cuidado de sus ciudadanos, anuncie una expedición a la luna, y por supuesto, con un marketing por demás llamativo.
El lanzamiento comenzó a las 22:35:00 (UTC) del 1 de abril de 2026, en el Centro espacial John F. Kennedy, de la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, en Florida, Estados Unidos. Ahí se mandó a cuatro astronautas, quienes están realizando un viaje de más de 800 mil kilómetros, primero en el cohete SLS (Space Launch System) y planean regresar el próximo día 10 abril, en la nave espacial Orion.
Su misión es llegar a la luna, intentando superar lo hecho por los astronautas del famoso Apollo 17. Si ustedes entran a la página de la NASA, encontrarán una belleza de información, de fotografías, de notas de prensa, todas la mar de llamativas pero, de manera inevitable uno se pregunta: ¿de qué le sirve a la humanidad un alunizaje, mientras se libra una guerra contra Irán?
Solo el costo del lanzamiento fue de 4 mil 200 millones de dólares, y el costo total del programa -desde que inició hasta el momento- lleva un total acumulado de 93 mil millones de dólares. Esto sin contar con los costos extras existentes, como por ejemplo el costo del cohete, que fue de 23 mil millones de dólares, y la nave Orion a su vez tuvo un costo de 20 mil 400 millones de dólares. Los sistemas de la base Kennedy en Florida tienen un costo de modernización de alrededor de 700 millones de dólares.
Resulta muy llamativo que entre la pasada expedición a la luna (1972) y la actual (2026), pasó más de medio siglo. Y según informa la propia página de la NASA, se tienen planeada futuras misiones en Marte.
La pregunta sigue en el aire, y no me tomen a mal, pero al final qué propósito real tiene esta misión. Más allá de seguir dentro de la carrera espacial, ¿cuál es el beneficio para la población norteamericana?, ¿para la humanidad, en general?
Porque siendo realistas, poco más de un mes de duración de la guerra iniciada por los Estados Unidos e Israel en contra Irán le ha costado al erario gringo 39 mil millones 970 de dólares. Y la cifra está actualizada al momento en que escribo estas líneas, porque debe constar que la cantidad sigue en aumento. Sugiero que consulten la página “Iran War Cost Tracker”, que muestra minuto a minuto y en tiempo real cómo aumenta la cifra.
Esta guerra les está costando un ojo de la cara y la misión de Artemis II no es nada “barata”. Mientras quien lleva las riendas del supuesto país más poderoso del mundo declara que no está dispuesto a pagar ni por guarderías, ni por programas de salud para su población.
De igual forma, continúa el cierre parcial con los agentes de la Agencia de Seguridad en el Transporte (TSA, por su sigla en inglés), en los aeropuertos norteamericanos, porque no les han pagado su salario. La administración de Trump desplegó a la gente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés), supuestamente para ayudar, aunque todos sabemos que en realidad es más bien se trata de una decisión para desincentivar a los usuarios del transporte aéreo.
El tema del presupuesto está “atorado” en la Cámara de Representantes. Tiene programada una sesión para el 6 de abril, y veremos si por fin logran ponerse de acuerdo, pues es complicado (francamente imposible) que la TSA pueda seguir sin un presupuesto para operar.
No son enchiladas; 50 mil trabajadores de la TSA laboraron sin pago alguno y más de 500 de ellos se han visto obligados a renunciar, por no poder desplazarse a los aeropuertos, ni poder cubrir sus necesidades más básicas.
Imaginen ustedes el cansancio tras tener que dormir dentro de sus carros en los estacionamientos de las terminales aéreas (para no gastar en transporte ni gasolina). El gobierno se está gastando recursos millonarios en una misión al espacio exterior que no tiene un objetivo claro, ni se sabe cuáles son los beneficios para la sociedad, por lo menos, la norteamericana.
Sinceramente, creo que desde hace mucho tiempo perdieron la brújula en Estados Unidos. Nada me extrañaría que Artemis II sea una cortina de humo, para desviar la atención.
Cada vez es más difícil ocultar que la política de los Estados Unidos, se basa -literalmente- en hacer la guerra, y es su prioridad. Queda demostrado que no le interesa el bienestar de su población.
Lo inferíamos al ver la abulia con la que nuestros vecinos norteños enfrentan el grave problema de drogadicción que tienen. No es por culpa de México, sino que el 65% de los narcolaboratorios están ubicados precisamente en Estados Unidos, y los encargados de cocinar la droga son ciudadanos de dicho país.
No podemos olvidar que la crisis de los opioides en los Estados Unidos tiene más de 30 años, y comenzó con la industria farmacéutica Purdue Pharma de la familia Sackler.
En estos momentos en donde la nación más poderosa se pudre por dentro y se cae a pedazos, no puedo obviar que esta misión pretende distraer a la gente de lo que está sucediendo en su país.
Me encanta la aviación y la industria aeronáutica, pero no puedo dejar de sospechar que todo alrededor de la misión de Artemis II tiene más de faramalla que de otra cosa. No es casualidad, más bien es la causa ignorada de un efecto desconocido, como decía Voltaire. O ustedes, ¿qué opinan?




