Se escucha de voces de líderes populistas el término “pueblo”. Mediante esta estrategia comunicativa, personajes como AMLO, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales y la propia Claudia Sheinbaum pretenden trasmitir el mensaje de que ellos y su movimiento son los únicos depositarios de la voluntad de las personas.

Se debe en primer lugar definir al “pueblo”. Sin el ánimo de desmenuzar el término, debe entenderse como una comunidad de personas que comparten una nacionalidad, y en un concepto más cercano a la nación, costumbres, lengua, religión y rasgos culturales, entre otros. En este contexto, y en la comprensión correcta de la acepción, un hombre rico de ideología conservadora que reside en el barrio más lujoso de la capital pertenece al pueblo de la misma forma que una mujer pobre que vive en una remota comunidad en la sierra.

Sin embargo, los líderes populistas, sabedores de la fácil manipulación de la que puede ser objeto el término “pueblo”, lo utilizan, sin decirlo expresamente, para llamar a los connacionales (ojo, en un momento abordaré el término de “ciudadano”), que son seguidores o potenciales votantes del movimiento que abanderan. Normalmente se trata de hombres y mujeres de estrato humilde o que forman parte de la clase media o media-baja de los países de América Latina. Saben que son la mayoría y que su respaldo en las urnas representa su victoria. Dividen y vencen, suelen pensarlo.

En contraste con “pueblo”, la ciudadanía tiene una acepción distinta. En vez de referirse a un grupo de masas monolítico, un ciudadano es un hombre o mujer libre que, si bien forma parte del pueblo (acepción correcta), ejerce sus derechos, se informa, participa en las elecciones, determina concienzudamente sus opciones políticas, y sobre todo, no pertenece al “pueblo”, en la concepción amañada de los populistas.

¿Cuántas veces se ha escuchado pronunciar a los populistas el término de “ciudadano” o “ciudadanía? Rara vez. En cambio, ¿no recurren todo el tiempo a frases como el “pueblo de México” como justificación ante cualquier decisión que, lejos de haber surgido de la voluntad libre de los ciudadanos, viene de una prioridad política asumida en la cúpula del poder?

Un país debe estar constituido de ciudadanos, no solo de masas populares. Es la única manera de avanzar hacia una sociedad moderna que sea capaz de elegir con sabiduría a sus gobernantes y de participar activamente en la vida pública. El pueblo no es un grupo de votantes de cierta clase social o color de piel, sino el conjunto de visiones diversas que constituyen la riqueza de una nación.