Metaverso es la nueva palabra de moda en el espacio digital de la actualidad. Se trata de una aplicación del Internet que, en términos prácticos, es susceptible de describirse como un entorno virtual que imita al real. En otras palabras, es un universo que trasciende la realidad material y tangible, construido como un entorno multiusuario perpetuo, persistente e inacabado que busca, fusionar la realidad física con la virtual .
En ese sentido, es un nuevo espacio del mundo social conformada a partir de la integración de nuevas tecnologías como lo son inteligencia artificial (AI), realidad virtual (VR), realidad aumentada (AR), realidad extendida (XR), blockchain (BC), y todas aquellas que puedan surgir ante el inminente desarrollo tecnológico. Dicha integración implica que la mayoría de las cosas que se pueden hacer en el mundo real como ir de compras, hacer nuevos amigos, asistir a conciertos, transacciones bancarias, educarse, entretenerse o esparcirse, son actividades que se pueden realizar de forma distinta y alternativa en este universo intangible .
En esas condiciones, debemos entender que surgen a partir de la representación que de nosotros mismos realizamos tanto en lo físico, así como en el mundo digital. Y es que, mientras que una persona se representa a sí misma con su presencia física en el mundo real; esta representación, en el mundo digital, es solo realizable a partir de los datos personales que proporcionamos al acceder a las plataformas y redes digitales que usamos constantemente para los más diversos fines y cada vez, más cotidianamente.
Esta información de la que las personas somos los únicos titulares, es explotada por el metaverso para crear, expandir sus alcances, adaptarse y así, mantener este mundo virtual.
Lo anterior, sin embargo, ha implicado el surgimiento de problemas, interrogantes y retos importantes en materia de privacidad para las personas usuarias. Los cuales deben ser considerados y atendidos por los proveedores de servicios, pero sobre todo, por los Estados nacionales en su calidad de garantes de los derechos humanos, en específico, a la protección de los datos personales, la privacidad, la intimidad y la autodeterminación informativa de las personas.
Esto último, en virtud de que el respeto, la observancia y la efectiva garantía de los referidos derechos, en todo caso, se relaciona con las posibilidades del libre desarrollo de las personas y con el respeto debido a su dignidad. Lo cual, torna incuestionable que el deber de todo Estado y de la comunidad internacional en su conjunto, en este momento civilizacional marcado por lo digital, consiste en regular e intervenir activamente de modo uniforme, homologado y efectivo, para evitar afectaciones a las libertades y derechos fundamentales aludidos, para así lograr que el metaverso evolucione hacia entornos digitales seguros, sanos para todas y todos sus usuarios.
En otro orden de ideas, es preciso que abramos un amplio e incluyente diálogo con todos los actores involucrados o dispuestos a abonar a la configuración de dichos entornos digitales valiosos que garanticen, con la equidad debida, que las personas aprovechemos los inmensos potenciales de avance y desarrollo que la tecnología ha puesto en nuestras manos. Para ello, es necesario que, antes que otra cosa, deshagamos la falsa creencia extendida, propagada y hasta defendida por las grandes empresas de tecnología, en el sentido de que la información proporcionada por las personas para hacer uso de sus redes, plataformas y acceder a sus servicios, les pertenece.
En este contexto, es claro que debe limitarse el análisis y el rastreo invasivos, intrusivos y no consentidos de datos personales que ya se realiza por diversos agentes con presencia en el metaverso, a partir de nuestra huella y vestigios digitales. Ello, a través de aplicaciones de macrodatos (big data) construidas sobre la base de algoritmos e inteligencias artificiales que, carentes de toda sensibilidad hacia el concepto “persona” y su correlativa dignidad; no solo desentrañan quiénes somos en lo profundo, sino que aprovechan tal conocimiento para muy diversos fines pues han aprendido que pueden conectarnos, reconectarnos, encauzarnos y generar bucles con nuestras reflexiones, gustos, filias, fobias y hasta obsesiones.
Por todo lo anterior, es necesario que personas usuarias, sociedad e instituciones tomemos conciencia de la necesidad de que el metaverso debe sumar y enriquecer nuestras vidas; pero jamás, restarnos voluntad.
Mtro. Julio César Bonilla Gutiérrez, Comisionado Ciudadano del INFO CDMX




