Para la gente de Monterrey el 2026 no empezó con buenos deseos ni con promesas renovadas para miles de familias. Empezó con un robo. Perdón. Un cobro. Uno grande. Uno descarado. Un cargo que no fue culpa de la inflación global, ni de una crisis heredada, ni mucho menos de un error administrativo. Fue una decisión política pura y dura, pues como no pudieron salirse con la suya en el Congreso 2026 a modo, el PRIAN decidió irse por lo único que siempre les funciona, es decir meterle la mano al bolsillo del ciudadano.
Así apareció el llamado predialazo. Incrementos de entre 24 y hasta 40% en colonias residenciales, aplicados de golpe, sin previo aviso y sin una explicación que no suene a burla. Mientras las familias hacen cuentas para llegar a fin de mes, el municipio decidió que era buen momento para cobrar la factura de su fracaso político. Lo más irritante es la hipocresía, pues hace apenas unos meses, los mismos personajes se llenaban la boca hablando de “responsabilidad financiera”, de no cargarle la mano a la gente y de cuidar al contribuyente. Hoy ese discurso sencillamente ya no existe. Se esfumó en cuanto no lograron controlar el Presupuesto 2026 desde el Congreso. Perdieron arriba y decidieron cobrarse abajo. Así de simple. Así de ruin.
Digámoslo sin rodeos, este aumento tiene responsable. Se llama Adrián de la Garza. Es una orden política tomada desde una administración desgastada, sin resultados visibles y cada vez más desconectada del ánimo ciudadano. El predial subió sin aviso, sin diálogo y sin sensibilidad, como si el ciudadano fuera una cuenta bancaria siempre disponible para tapar huecos, errores y venganzas políticas.
El mensaje, por otro lado, es brutalmente claro. Si el PRIAN no puede imponer su agenda, te la cobra. No con argumentos, no con trabajo, sino con recibos más caros.
Y hay un dato que no se puede ignorar, ese mismo aumento fue frenado el año pasado por el Gobierno del Estado al considerarse excesivo. En ese momento se entendió que no se puede gobernar castigando a la gente. Hoy, sin ese contrapeso y después del tropiezo político del PRIAN, el predial se convirtió en desquite. En ajuste de cuentas. En revancha.
El cinismo es doble. Primero, porque usaron la bandera de la austeridad para intentar controlar el presupuesto estatal. Segundo, porque al no lograrlo, aplicaron el manual más viejo de la mala política: exprimir al contribuyente cautivo, al que no puede negarse, al que no tiene defensa inmediata. ¿Dónde quedó la eficiencia prometida? ¿Dónde está la modernización del municipio? ¿Dónde la idea de que Monterrey iba a estar mejor? Todo eso se diluye cuando el cobro llega inflado y sin explicaciones.
¿Qué culpa tiene la gente de Monterrey de los errores, la torpeza y el desgaste del PRIAN y su alcalde? Ninguna. Pero, como siempre, es la que termina pagando. El predialazo no es una medida técnica. Es una confesión. Y también una advertencia, cuando el PRIAN no gobierna, cobra.



