La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (septiembre 1981) lleva solicitando ininterrumpidamente -durante 44 años-, a los gobiernos y gobernantes del mundo modificar patrones culturales que segregan y lastiman a las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres.

Los roles de género tradicionales violan derechos humanos. Las cuidadoras en las familias son excluidas de la vida laboral, además, son violentadas de diversas formas; arraigando más al patriarcado.

En 2022, 31.7 millones de personas de 15 años y más brindaron cuidados a integrantes de su hogar o de otros hogares. De esta población, 75.1 % correspondió a mujeres y 24.9 %, a hombres, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en los resultados de la primera edición de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) del año mencionado.

La discriminación viola derechos humanos de las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres que por su condición de género tienen mayor probabilidad de ser violentadas por un sistema estructural con rezagos educativos, sí, dentro de las administraciones públicas persiste el desconocimiento, es urgente capacitar a las y los trabajadores, y desde dichas trincheras, abordar las problemáticas de forma transversal.

Los cambios estructurales son urgentes. Los roles de género tradicionales, por ejemplo, en México continúan arraigados de forma grotesca, porque las diferencias en las actividades de hombres y mujeres no es biológica ni legal, es una construcción social que persiste.

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El Estado es responsable de la elaboración de políticas públicas que coadyuvarán en una mejor calidad de vida para las niñas, jóvenes y mujeres, que se encuentran oprimidas por parte del patriarcado. El patriarcado que provoca feminicidios.

El poder de los hombres que se ejerce desde los gobiernos, escuelas, familias, medios de comunicación y religión han dejado en la indefensión a millones de niñas y mujeres que son abusadas psicológica, sexual, monetaria y físicamente.

Afortunadamente las redes sociales son herramientas de denuncia para dar a conocer diversos delitos que se generan con conocimiento o desconocimiento desde los gobiernos, empresas, casas y calles.

La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer destaca en su “Artículo 10. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer, a fin de asegurarle la igualdad de derechos con el hombre en la esfera de la educación y en particular para asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres”, (Naciones Unidas).

La brecha entre mujeres y hombres es bastante amplia. Hay grandes avances en la toma de decisiones desde los gobiernos, tenemos presidentas que gobiernan naciones, pero las carencias y oportunidades no son las mismas en un contexto cultural y geográfico.

México, un país en vías de desarrollo en donde apenas se avanza incipientemente en la equidad de género y justicia social. Sin embargo, es loable que las narrativas estén cambiando, actualmente se visibiliza más la violencia hacia las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres.

No es suficiente, seguiré insistiendo a través de estas líneas que la prevención de la violencia y del delito es urgente. Precisamente, escuché en la radio mexicana la voz de un criminólogo, sobre la falta de especialistas en criminología, -expertos en la prevención de conductas criminógenas-, que con sus conocimientos avalados por la ciencia coadyuven en la disminución de actos delictivos. El patriarcado provoca feminicidios.