Hacer política suele ser un ejercicio de resistencia, pero hacerlo siendo mujer implica, inevitablemente, enfrentar una doble corriente. Hay días en los que la burocracia, la complejidad de la realidad o la inercia de un sistema que históricamente no fue diseñado para nosotras nos hacen sentir que el esfuerzo es cuesta arriba. Es una sensación completamente humana, ver que los cambios tardan en llegar y que cada espacio ganado, cada propuesta defendida y cada decisión tomada requiere el doble de energía y carácter.

Quienes elegimos la vocación del servicio público, de la política, sabemos que los avances más importantes nunca se lograron en la comodidad de la corriente a favor. En nuestro caso, la persistencia no es solo una postura laboral, sino un acto profundamente feminista.

No rendirse significa rebelarse contra esas inercias machistas que aún persisten en los entornos de decisión. Significa tener la convicción de ocupar los lugares que nos corresponden por derecho, por capacidad y, sobre todo, sostenernos unas a otras para abrir camino a las que vienen detrás.

Por eso cobra tanto sentido conmemorar el Día de Nunca Rendirse en nuestro espacio de trabajo. Nos recuerda que la política con sentido social no se hace en solitario, sino compartiendo la carga y tejiendo redes. Cuando las fuerzas flaquean o el rumbo se vuelve difícil, es el compromiso, la vocación, la sororidad y el respaldo de la ciudadanía lo que nos sostiene para dar el siguiente paso.

Juntas y juntos impulsemos una política más equitativa, justa y humana, demostrando en este Día de Nunca Rendirse que nuestra voluntad de transformar la realidad siempre será más fuerte que cualquier obstáculo, y esto aplica para la política y la vida misma.

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Jennifer Islas. Política, feminista y conferencista.

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