No cabe duda alguna de que estamos presenciando un acontecimiento sin precedentes con la puesta en marcha del proceso electoral más significativo en la historia contemporánea de México. Claro que todavía falta tiempo para que los organismos electorales inicien su trabajo; sin embargo, en el ambiente social y político, la competencia se ha intensificado y, hasta cierto punto, ha aumentado en agresividad debido a ataques entre los partidos y campañas sucias. No es para menos: lo que se juega son, ni más ni menos, la renovación de diecisiete gubernaturas y la mayoría calificada en el congreso federal, específicamente en la Cámara Baja. Por eso el manejo de la información, que tiene que ver con los temas de la agenda pública, está repercutiendo ahora que han pasado a ser sustanciales cuestiones como la de la gobernadora Maru Campos, de Chihuahua.

Los más recientes acontecimientos, que nos muestran una radiografía de la realidad, nos dan un indicativo de que los ejercicios democráticos se juegan con mucho tiempo de antelación. En cada partido o expresión, por ejemplo, se han activado las estructuras territoriales bajo el argumento de organización y planeación. Es, sin ir más lejos, una determinación de las que ya hemos sido testigos con las llamadas corcholatas. Todo eso, a la postre, hizo que se arraigara una cultura de participación mientras un cúmulo de encuestas medía aceleradamente el pulso de la población. A la par de ello, a la hora de fluir los números o porcentajes, fuimos también testigos de las tensiones internas que se vivían, mayormente cuando el margen de ventaja se acortaba o se separaba de un lugar a otro.

En pocas palabras, nos hemos adaptado a un molde electoral que, desde hace tiempo, se ajustó a las necesidades, pero también a las propias estrategias que son, en definitiva, parte fundamental para ganar elecciones, sobre todo cuando vemos un curso más cerrado que nos limite a pronunciarnos por un favorito. De todas las gubernaturas que estarán en disputa en 2027, por ejemplo, sale a flote el enclave de Nuevo León. Las encuestas, de las que siempre echamos mano por la exactitud de su metodología, Morena tiene una clara ventaja de casi siete puntos sobre Movimiento Ciudadano. Derivado de ello, no tengo la menor duda, influirá la capacidad de mantenerse en las posiciones que arrojan las metodologías. Esto ha obligado a que cada una de las fuerzas apriete el acelerador. Pese a eso, se antoja muy complicado que MC revalide el triunfo que obtuvo en 2021, máxime porque Samuel García enfrenta una serie de señalamientos de irregularidades. Esto erosiona los planes de repetir y transmite poca confianza entre los emencistas, principalmente ahora que ha ido aminorando la capacidad de maniobrar políticas públicas.

Por eso Nuevo León siempre se cuece aparte. Las dos elecciones para gobernador que vivimos, por ejemplo, nos muestran que, más allá del voto duro de las fuerzas políticas, la sociedad se deja llevar más por el potencial que muestran sus candidatos y, por ende, la elocuencia con la que se manejan para conectar con la ciudadanía. Eso, como tal, nos lleva al proceso que viviremos; es decir, la contienda pondrá a prueba a cada uno de los participantes, que tendrán que entregarse al máximo en un mosaico preelectoral que pinta para ser uno de los más reñidos. De hecho, no podemos ignorar o negar la propia realidad que se vive. Hablamos de la irrupción de una mujer que está acostumbrada a este tipo de escenario de polarización, en los que sabe dónde y cuándo desenvolverse con una narrativa convincente.

Siendo uno de los atributos indispensables para cualquier aspirante a un cargo de elección popular, creemos que eso, en sí, constituye una enorme ventaja para ganar la gubernatura de Nuevo León. Se requiere, por decirlo de alguna forma, ese componente especial que no se limita a hablar, sino a respaldar las ideas con argumentos sólidos. Ahí radica la conexión que puede establecer con la ciudadanía. Las encuestas de opinión pública reflejan justamente esa percepción y han detonado un intenso flujo de análisis sobre quiénes cuentan con mayores posibilidades y quiénes no.

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Desde esta perspectiva, se advierte una ventaja para quien domina con solvencia estos entornos. Además de sobriedad, se necesitan múltiples virtudes para enfrentar la guerra sucia que, tarde o temprano, aparecerá como parte inherente de cualquier contienda. Y será en ese punto donde prevalecerá quien tenga la capacidad de resistir el vendaval y responder con rapidez frente a la intriga y la desinformación.

Creemos que, por esa razón y por muchas más, Movimiento Ciudadano terminará sin margen para retener las riendas del gobierno. Arrastra un desgaste evidente —aunque no lo admitan— que permanece ahí, latente, y que ya no puede seguir evadiéndose.

Nuevo León, con todo su enigma político, se distingue precisamente porque su electorado vota con plena conciencia. Será una decisión basada en quién demuestre mayor capacidad, preparación y temple para enfrentar la complejidad del escenario que se aproxima en una contienda de esta naturaleza.