Hay algo profundamente injusto en la manera en que hemos aprendido a vivir las mujeres, nos enseñaron a estar para todos, pero pocas veces nos enseñaron a estar para nosotras mismas.
A cuidar a nuestros hijos, a preocuparnos por nuestros padres, a atender a nuestras parejas, a cumplir en el trabajo, a resolver problemas y a no detenernos. Nos enseñaron a ser fuertes, responsables, incondicionales. A poder con todo.
¿Y quién nos enseñó a cuidarnos a nosotras?
Cada 19 de octubre, el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama nos recuerda la importancia de la detección oportuna. Pero yo creo que también debería obligarnos a cuestionar algo mucho más profundo: ¿por qué tantas mujeres sentimos culpa cuando decidimos ponernos primero?
Nos hemos acostumbrado tanto a dejar nuestras necesidades al final que incluso nuestra salud termina convirtiéndose en algo que puede esperar.
Esperamos a terminar el trabajo. A que los hijos crezcan. A que pase la semana complicada. A que haya menos pendientes.
Y mientras esperamos a tener tiempo para nosotras, la vida sigue pasando.
No quiero romantizar a la mujer que puede con todo. Estoy cansada de esa idea de que ser una buena mujer significa sacrificarse permanentemente por los demás.
Porque detrás de esa imagen de fortaleza también hay agotamiento, miedo, preocupaciones y mujeres que muchas veces no se permiten reconocer que necesitan ayuda.
No somos más valiosas por resistir más. No somos mejores madres, hijas o profesionistas por olvidarnos de nosotras mismas.
Y mucho menos deberíamos sentirnos culpables por dedicar tiempo a nuestra salud.
El cáncer de mama nos enfrenta a una realidad que no podemos ignorar. La detección oportuna puede cambiar el pronóstico de una enfermedad que ha marcado la vida de miles de familias mexicanas.
Pero hoy no quiero escribir otra columna llena de estadísticas. Quiero hablar de decisiones.
De la mujer que lleva meses posponiendo una cita médica. De la que siente miedo de recibir un diagnóstico. De la que está tan acostumbrada a cuidar de todos que dejó de escucharse a sí misma.
Y también quiero hablar de aquellas que no han podido atenderse por falta de recursos, tiempo o acompañamiento. Porque sería profundamente injusto convertir la prevención en una responsabilidad exclusivamente individual cuando no todas las mujeres enfrentamos las mismas circunstancias.
Cuidarse debe ser una decisión propia, pero también una posibilidad real.
Esa convicción es parte de lo que me llevó a crear mi Fundación. Mi propia historia me enseñó que hay momentos en los que una mujer necesita algo más que palabras de ánimo: necesita que alguien esté ahí, que la escuche y que la acompañe.
Es indispensable que la solidaridad entre mujeres no quede en discursos. Tiene que convertirse en acciones.
Por eso, este 26 de octubre realizaremos una jornada gratuita de ultrasonidos mamarios en la Cámara de Diputados. Porque estoy convencida de que los compromisos se demuestran con acciones y de que la prevención debe acompañarse de orientación y atención médica.
Pero hay una reflexión que me importa todavía más.
¿En qué momento aceptamos que las mujeres tenemos que ser fuertes para todos, incluso cuando nos estamos olvidando de nosotras mismas?
No quiero seguir celebrando esa idea de la mujer que todo lo aguanta, que nunca se queja y que siempre encuentra la manera de seguir adelante, aunque por dentro esté agotada o tenga miedo.
Quiero que empecemos a reconocer también a la mujer que se atreve a detenerse, que pide ayuda, que dice que no puede con todo y que entiende que su bienestar no es menos importante que el de quienes ama.
Porque ninguna mujer debería tener que llegar al límite para sentirse con derecho a cuidarse.
Este 19 de octubre, mi pensamiento está con quienes enfrentan el cáncer de mama, con quienes lograron superarlo y con las familias que han perdido a alguien a causa de esta enfermedad.
Y a todas, quiero recordarles algo importante. Las mujeres no vinimos al mundo únicamente a sostener la vida de los demás. También tenemos derecho a vivir la nuestra.
María Teresa Ealy Díaz. Diputada Federal LXVI Legislatura.
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