El Departamento de Transporte de los Estados Unidos (DOT, por sus siglas en inglés), desde el año pasado aseveró que México estaba violando el Acuerdo Bilateral Aéreo signado entre ambas naciones, y la prensa tradicional opositora a la 4T se dio vuelo con sendos análisis, basados -hay que decirlo- en más especulaciones y conjeturas que en datos duros, y la más recurrente: que las represalias del país de las barras y las estrellas a nuestra aviación eran la consecuencia lógica a la cancelación de un aeropuerto, “decisión caprichosa” del enfermo de poder que vive en Palenque. Ya saben, los viudos del NAIM que siguen diciendo que ese mítico proyecto iba impulsar a México a niveles insospechados en materia de aviación.

Otro de sus muy gustados argumentos para golpetear, fue “la mudanza ilegal de la carga del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), lo que habría motivado el descontento del gobierno norteamericano”.

Pero veamos cuál es la realidad. En este espacio hemos dicho que la actual administración de Donald J. Trump no tiene pies ni cabeza, y que más bien están buscando, como niños bravucones que son, no quién se las hizo, sino quien se las pague.

Porque en los hechos, es un mito genial aquello de que “las aerolíneas están molestas por la mudanza al AIFA”. Esa mentira ya quedó más que desmontada, incluso empresas como DHL han manifestado en medios de comunicación que ni de locos se regresarían a operar en el AICM. Para empezar por el espacio, pues en el AICM esta carguera tenía para operar tan solo 1,500 metros cuadrados, a diferencia del AIFA donde goza de una superficie de 10 mil metros cuadrados.

Lo mismo pasa con UPS y Federal Express, que en el AICM solo podían operar de madrugada, y en el AIFA pueden operar las 24 horas del día, lo que resulta mucho más productivo para ellos y para cualquier carguera.

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Así que el bulo de que las aerolíneas de carga perdieron al mudarse del AICM al AIFA se desmonta con absoluta facilidad; además, aquí quiero ser muy puntual, si ya leyeron el famoso y tan traído acuerdo bilateral, sabrán que es potestad del país reorganizar las operaciones si así lo considera necesario; solo debe fundamentarlo en motivos de seguridad.

Y en este caso, ¡claro que había un motivo!: desaturar las operaciones en el AICM, y permitir una mejor gestión de las operaciones; esto es, al recortar los slots, se hace mucho más segura y eficiente la operación aérea. Una de las grandes quejas planteadas por los diferentes actores de la industria, era que al estar el AICM tan saturado, se afectaba la seguridad aeronáutica.

No era una queja nueva. De hecho, ese fue el motivo por el que el gobierno de Enrique Peña Nieto decidió hacer algo que no quisieron hacer dos sexenios panistas: la construcción del NAIM. Y aunque les encante decir que se canceló por “un capricho macuspano”, la realidad es que tuvieron más peso los argumentos de inviabilidad del terreno, el cual es un vaso regulador que funciona para la captación de agua, que recarga los mantos acuíferos subterráneos, e impide que la Ciudad de México se hunda.

Pasemos al segundo punto; es un hecho que el DOT castigó a México y canceló 13 rutas que estaban previstas y autorizadas para comenzar a operar en diciembre del año pasado, saliendo de México hacia diferentes destinos en los Estados Unidos; el argumento que utilizó fue una violación al acuerdo bilateral.

Pero otra vez, si leemos el documento donde cancela estas rutas, vemos que su principal argumento es que dos aerolíneas estadounidenses (American Airlines y United) se habían quejado ante el DOT de competencia desleal. Y entonces el DOT, fiel a la doctrina naranja de Trump, solicitó al gobierno mexicano que “regresara los slots que les habían quitado a estas líneas aéreas”. Una lógica similar a decir que el petróleo venezolano es de ellos.

Algo que hemos podido comprobar, es que el gobierno mexicano no es intransigente; en aras de mantener vigente el acuerdo bilateral, y que la conciliación y el diálogo rigieran la relación comercial entre las dos naciones, negoció que Aeroméxico, Viva y Volaris permitieran que seis slots del AICM los usaran las líneas gringas, y con ello detener la queja y descartar la supuesta violación del acuerdo bilateral.

¿Y qué creen que pasó? Pues American Airlines fue la única que aceptó la “devolución” de los slots; la otra quejosa dijo que no le interesaba, que comercialmente no tenía planes para operar, además de carecer de una estrategia de comercialización; en pocas palabras, que “muchas gracias, pero no”.

Justo aquí nos damos cuenta que la realidad de las líneas aéreas norteamericanas dista enormemente del discurso trumpista, y que la verdad es que la supuesta violación al acuerdo bilateral, así como las graves afectaciones que sufrieron las aerolíneas gringas al reordenar el espacio aéreo en nuestro país, son relativas, nimias e intrascendentes para los gigantes aéreos que se quejaron.

Con el desprecio por los slots dejan claro que el gobierno del ente naranja está neceando y utiliza a la aviación como arma de golpeteo político en contra de México, no porque de verdad su aviación -como alegaban- hubiese sido afectada por las decisiones del gobierno mexicano.

México “devolvió” los seis slots en disputa, pero el gobierno de Donald Trump, sigue impidiendo la operación de las trece rutas que tenían que haber empezado a operar en diciembre pasado. La consecuencia: pérdida en conectividad entre ambas naciones.

Si de verdad le interesara su industria aérea, no hubieran tenido más de un mes paralizado el gobierno; eso afectó de forma brutal a sus aerolíneas. A solo un mes del shutdown (cierre del gobierno federal de los Estados Unidos tras la incapacidad del Congreso de aprobar la legislación de financiamiento), Ed Bastian, CEO de Delta Airlines hizo una estimación, y el 7 de noviembre del año pasado habló a los medios de una pérdida de 200 millones de dólares.

Y no hablemos de la pérdida del turismo, que viene de la mano con la aviación. Para la U.S. Travel Association, así como para el World Travel & Tourism Council (WTTC), Estados Unidos ha tenido una “una caída abrupta y generalizada en el número de llegadas de turistas extranjeros”. Y lo más importante a resaltar, Estados Unidos es el único país, dentro de los 184 analizados, que tuvo una disminución en 2025.

Volvemos al punto inicial: ¿necedad o violación al acuerdo bilateral aéreo con México? Pues en los hechos, Estados Unidos está dinamitando su industria aeronáutica y turística. Rescato de El Financiero una parte de la entrevista que le realiza Aldo Munguía a Héctor Fabián Cortés, subdirector del operaciones del AICM:

“De hecho, American Airlines fue la única, las otras dos dijeron que no pueden usarlos, la comercialización la tienen que hacer con tres meses. Les dieron ‘jalón de orejas’ en Estados Unidos al decir que no, (porque) dejaron en mal la exigencia (del DOT)”.

Héctor Fabián Cortés, subdirector del operaciones del AICM.

Para la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), la región norteamericana, donde están las líneas aéreas gringas, hasta el mes de octubre era la única que no tuvo crecimiento; de hecho llevan ya diez meses seguidos sin crecimiento alguno, sino todo lo contrario, y curiosamente coincide con la llegada de Trump al poder.

Y recomiendo, cuando quieran hacer un análisis serio para determinar si se violó o no el Acuerdo Bilateral Aéreo entre México y Estados Unidos, es preferible leer los documentos, y no quedarse únicamente con la narrativa golpista de la oposición, o la de Trump y sus funcionarios. Algo tienen en común: poco les interesa el bienestar de la industria aérea de sus respectivos países.