Curiosa la comentocracia mexicana. En la conferencia de prensa mañanera, la consejera jurídica, Luisa María Alcalde, dio a conocer los nombres de periodistas que evidentemente detestan al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

No tendría por qué espantar a nadie una lista bastante sencilla de elaborar, pero tanto han cuestionado a Luisa María que no se han dado cuenta de que, como ha dicho Verónica Malo Guzmán en SDPNoticias, mordieron el anzuelo. Cito a la colaboradora de este portal informativo:

Alcalde colocó una trampa hecha de vanidad y muchos corrieron a tomarse la fotografía dentro de ella. No les entregó una orden de aprehensión; les prendió una medalla imaginaria y muchos de los señalados organizaron la ceremonia de premiación. No faltó quien se acomodara para salir mejor en la foto”.

“Los comunicadores que se dicen profesionales mordieron el anzuelo. Algunos se regodearon con su inclusión, difundieron las láminas, circularon sus propios nombres y exhibieron el señalamiento como una condecoración democrática. Faltar en la lista casi parecía una descortesía del régimen. O, peor aún, un fracaso curricular”.

“El gobierno conoce perfectamente ese resorte psicológico: ‘si aparezco en la lista, significa que le importo al poder’. Podríamos llamarlo narcisismo estratégico: el régimen no necesita silenciar a todos sus adversarios si consigue que hablen únicamente del tema elegido por el propio régimen”.

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Ese narcisismo estratégico o mediático está facilitando la estrategia de Andrés Manuel López Beltrán y de Andrés Manuel López Obrador para convertir en asunto de seguridad nacional la revocación de la visa para entrar a Estados Unidos del primero de los mencionados.

¿Por qué le cancelaron la visa a López Beltrán? No lo sabemos. Pero él se ha defendido atacando ¡al gobierno de Estados Unidos! En un análisis sensato, lo único que seriamente podría hacerse es ignorar lo que dijo acerca de Donald Trump, Marco Rubio y Christopher Landau. No pueden tomarse demasiado en serio sus palabras porque, de plano, la desproporción de poder es gigantesca.

Pero, en vez de considerar la carta del hijo de AMLO como un exabrupto sin consecuencias, toda la comentocracia mexicana, en nado sincronizado, de nuevo mordió el anzuelo.

Todos y todas en la prensa mexicana aseguran que la carta de López Beltrán debe haber enojado tanto a Trump que no tarda en invadir México. Hablan del “suicidio epistolar de Morena”.

No entienden a López Obrador, un genio de la política que ya debería habernos acostumbrado a que siempre hace lo que no debe hacerse, pero que, gracias a que las críticas aparecen por millones en los medios, termina por beneficiarle.

En sus campañas electorales había consultores que le decían que era posible ganar una elección presidencial sin medios, pero que era imposible ganarla contra los medios.

Valiéndole gorro la sabiduría de los expertos, López Obrador no solo ganó la presidencia contra los medios, sino que arrasó. Y con tantito que hubiese incrementado el presupuesto para la publicidad oficial, les tendría de rodillas. Pero lo cierto es que ni López Obrador ni ahora la presidenta Claudia Sheinbaum decidieron comprar opiniones mediáticas, y eso es lo que los tiene tan enojados.

En la campaña de 2006, López Obrador le dijo a Fox: “¡Cállate, chachalaca!”. Se le vino el mundo encima a Andrés. Se le recomendaba ya no hablar de la chachalaca, pero él insistía… y lo repetía y lo repetía y lo repetía. Aquella terminó siendo una frase que dio votos a la izquierda.

Y así muchas cosas, como la marcha de los fifís o los pirrurris de antes de 2006, cuando AMLO era jefe de Gobierno. No ir al primer debate presidencial en 2006 le costó puntos, pero supo por qué lo hizo. Después los recuperó y ganó.

No sé si fue Rafael Barajas, El Fisgón, este culto caricaturista de La Jornada, quien me dijo que ya mejor no discutía los métodos de López Obrador porque nunca los entendía a la primera e invariablemente daban buenos resultados.

La carta de López Beltrán llevaba una sola intención: hacer rabiar a la comentocracia y conseguir que todos y todas las columnistas, por narcisistas, consideraran su deber poner en su lugar al hijo de AMLO, que se había atrevido a cuestionar a Trump, a Rubio y a Landau.

Lo que AMLO buscaba —ni hablar, el padre organizó la defensa del hijo, eso creo; algo de lo más natural— lo que pretendía el expresidente era que la carta fuera tan ruidosa como lo está siendo.

Ya provocó reacciones del gobierno de Estados Unidos, no se diga de toda la prensa mexicana, y seguramente ha sido comentada en medios del vecino país del norte.

Algo tan ruidoso inevitablemente tendrá que ser leído, tendrá que llegar a las manos y a los ojos del presidente Trump, quien así recordará, en mi opinión, un pacto de lealtad que tiene con López Obrador, ya que este fue uno de los pocos presidentes que en 2020 no le dieron la espalda al hoy gobernante de Estados Unidos.

Los otros fueron Vladimir Putin, de Rusia, y Jair Bolsonaro, de Brasil. Los tres no le dieron el inmediato reconocimiento a Biden que el resto de los gobernantes del mundo entregó de inmediato, abandonando así a Trump.

En política, lealtad con lealtad se paga. López Obrador mantuvo entonces cierta lealtad con Trump. Y, de hecho, la imagen de AMLO y fragmentos de algunas de sus declaraciones fueron utilizados por la campaña de Trump contra Biden.

Por cierto, también se criticó bastante a AMLO por aquel uso de su imagen en la campaña de Trump, y hoy eso forma parte, en mi opinión, del escudo de protección de su hijo ante cualquier agresión que pudiera estar diseñando alguien en la vecina nación del norte.

¿Trump es un hombre leal con quienes le han sido leales? Por lo menos Luis Videgaray sabe que sí. Dejó el gobierno de Peña Nieto después de la visita de Trump en su primera campaña presidencial, pero cuando el hoy mandatario de Estados Unidos ganó, Luis volvió con todos los honores. Ahora mismo la relación de Videgaray con la familia Trump es bastante buena.

Me dirán que Videgaray es de derecha y AMLO y su hijo son de izquierda.... Los políticos con tanto poder no son fanáticos: son pragmáticos. Trump lo ha demostrado en su trato, bastante cordial y hasta de apoyo, con Putin.

Y no, no se trata de proteger indebidamente a nadie, pero sí de, por lo menos, preguntar si de verdad hay… ¿qué? ¿Acusaciones? o ¿con qué argumento se le retiró la visa a López Beltrán? Porque puede ser pura grilla.

De hecho, eso es electoral. De parte de gente de Estados Unidos convencida de que con escándalos en México la oposición derrotará a Morena. Así lo pronostican ya muchos en los medios mexicanos.

No estoy tan seguro de que estemos ante el final de la 4T. Sigo pensando que todos estos enredos —el de la visa, el de tanta molestia de los medios, el de tanto ataque dirigido a Sheinbaum—, todo esto es electoral. Se trata de influir en las elecciones mexicanas del próximo año.

Bueno, pues ese es el punto. Vamos a ver si logran verdaderamente acabar con la 4T en las urnas, donde la gente va y deposita su voto.

Si no lo consiguen, Morena seguirá gobernando. Si nos basamos en las encuestas que tenemos, es un hecho que no lo conseguirán. La gente que vota no se ha tragado las mentiras de los medios. Esta es la verdad.

Pero no deja de ser triste que la esperanza de la comentocracia y de los partidos de oposición esté depositada no en sus capacidades para convencer a la sociedad mexicana, sino en lo que pueda hacer el gobierno de Estados Unidos contra la 4T.

De muy mal gusto que piensen en otro Maximiliano.