El periodista venezolano Joseph Poliszuk, especialista en el chavismo y galardonado con el Premio Gabo, uno de los reconocimientos más destacados en periodismo de investigación, expuso hace unos días, en el programa de Carmen Aristegui, algunos de los resultados de sus averiguaciones que han tenido lugar en los últimos años.
Poliszuk destaca principalmente el hecho de que Venezuela, de la mano de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, caminó progresivamente hacia la consolidación de un régimen marcado por el dominio del narcotráfico en los asuntos públicos. No solamente señala la expansión de la corrupción en Caracas, sino cómo los intereses ligados al crimen organizado han cruzado fronteras hasta tocar países como Honduras y, desde luego, México.
Especialmente alarmante resulta la penetración del crimen organizado en las fuerzas armadas venezolanas. A la luz de los resultados de las investigaciones, se ha dado testimonio sobre la participación de los altos mandos del ejército venezolano en el tráfico de drogas desde Venezuela hasta Estados Unidos, creando así una red criminal sin precedente en la historia de la región latinoamericana.
Enseguida, se señala la participación del Cártel de Sinaloa en una operación dirigida desde Venezuela. Un piloto del Chapo Guzmán habría despegado de Venezuela y aterrizado en Toluca, con un cargamento de cinco toneladas de cocaína, para luego ser transportado hacia el vecino del norte.
Estos señalamientos periodísticos confirman lo que ha trascendido sobre el expediente presentado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en la Corte Federal de Nueva York. Según se ha informado, personajes del crimen organizado residentes en México habrían tenido participación directa en las innumerables acusaciones hoy imputadas a Nicolás Maduro.
Si bien, deben esperarse las resoluciones de los jueces en relación con el caso, la realidad apunta hacia la presencia de una pavorosa red criminal que no solo involucraría a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, sino que se habría expandido más allá de las fronteras venezolanas, e involucraría a miembros de las fuerzas armadas mexicanas y a individuos de la clase política.
En este contexto, podría especularse sobre la probable comprobación de lazos existentes entre las operaciones dirigidas desde Caracas y los hombres señalados hoy como cabezas del huachicol fiscal mexicano, a saber, los sobrinos encumbrados del exalmirante José Rafael Ojeda. Como se sabe, la Fiscalía General de la República ha decidido, por ahora, no llegar más lejos en el caso de corrupción más grande de la historia de México.
En suma, la aprehensión de Nicolás Maduro el sábado pasado, además de haber provocado una crisis del orden internacional por las violaciones cometidas por Estados Unidos, también aportará luz sobre la profundidad de la corrupción y del crimen organizado internacional, hoy protagonizados, lamentablemente, por México y Venezuela.


