México enfrenta una paradoja estructural: millones trabajan, pero la productividad no despega. No por falta de esfuerzo ni de talento, sino porque el país se ha negado a construir un ecosistema institucional, financiero y de seguridad para su economía real: la actividad independiente.

La gran oportunidad está ahí —oficios, técnicos, profesionistas, microservicios—, pero también está el gran obstáculo: extorsión, control territorial, informalidad defensiva y un sistema financiero diseñado para otro país.

1. El México real ya es independiente (y no por elección)

Más de 32 millones de personas trabajan hoy en esquemas independientes o informales. Esto representa más del 54% de la población ocupada. No es una anomalía: es la base del consumo, de los servicios locales y del ingreso familiar en amplias regiones del país.

Mecánicos, electricistas, técnicos industriales, transportistas, dentistas, personal de mantenimiento, profesionistas por proyecto: el país funciona porque ellos trabajan, no porque existan suficientes empleos corporativos estables.

El problema es que trabajan sin red: con poco acceso a crédito, con riesgo físico y patrimonial, con alta exposición a extorsión, y con una formalidad que, lejos de proteger, suele castigar.

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2. El comparativo clave: México vs. Estados Unidos (no es cultura, es Estado de derecho)

Aquí el contraste es revelador. En Estados Unidos, el autoempleo formal representa alrededor de 6% de la fuerza laboral, pero una proporción mucho mayor realiza trabajo independiente modular (contratos, proyectos, servicios especializados). La diferencia no está en la “vocación emprendedora”, sino en la arquitectura institucional: pagos electrónicos universales, contratos ejecutables, historial que se convierte en crédito, seguros accesibles, justicia local funcional.

En México ocurre lo inverso: la independencia no es estrategia de crecimiento, sino refugio; la visibilidad no es protección, sino riesgo; el efectivo no es atraso cultural, sino escudo frente al crimen y la arbitrariedad.

Por eso, mientras en EUA, el independiente escala, en México se esconde.

3. La tecnología acelera el problema… y también la solución

En la próxima década:

- Las grandes empresas usarán más robótica e IA, reduciendo empleo directo proporcional.

- Las pymes no podrán automatizarse al mismo ritmo y se volverán nodos de redes.

- Los independientes serán indispensables como proveedores técnicos, mantenimiento, servicios especializados y soporte distribuido.

La pregunta no es si los independientes serán relevantes. La pregunta es si estarán protegidos y financiados, o si quedarán capturados por economías criminales.

4. La evolución necesaria del independiente (o seguirá atrapado)

La transición productiva es clara:

- Hoy: autoempleo, efectivo, baja certificación, alta vulnerabilidad.

- 3–5 años: certificación básica, pagos digitales, plataformas, reputación.

- 5–10 años: especialización, asesoría remota AAA, contratos con pymes y grandes, crédito, seguros.

Esto permite construir cadenas productivas: horizontales (redes entre pares), verticales (diagnóstico–ejecución–mantenimiento), diagonales (plataformas, logística, financiamiento).

Pero ninguna de estas etapas es viable si el entorno sigue dominado por extorsión y control territorial.

5. El cáncer que lo destruye todo: extorsión y crimen organizado

Aquí está el punto más incómodo y más decisivo. En miles de municipios, el crimen organizado: cobra “derecho de piso”, controla el efectivo, decide quién puede operar, castiga la formalidad visible, y recluta jóvenes donde no hay alternativa económica viable.

La extorsión es un impuesto ilegal regresivo que destruye productividad, inhibe inversión y convierte al crimen en la banca real de facto.

Mientras exista tolerancia —civil o militar—, ningún programa de formalización, capacitación o crédito funcionará.

Esto ya no es solo un problema interno. Estados Unidos presiona porque entiende algo básico: sin control territorial no hay cadenas productivas seguras.

6. El eslabón perdido: un sector financiero para el independiente productivo

Aquí está el gran vacío estructural. México no tiene un sistema financiero diseñado para la economía independiente por segmentos. Tiene: banca tradicional para empresas grandes, crédito de consumo para asalariados, y “banca social” para subsistencia. Eso deja fuera al independiente productivo.

Segmentos reales que hoy no están atendidos:

Independiente básico: Necesita cuentas, pagos, microseguros, capital mínimo.

Independiente técnico-productivo: Necesita crédito para herramientas, inventario, leasing, seguros.

Independiente profesional avanzado: Necesita financiamiento de inversión, factoring, cobertura patrimonial.

Redes de independientes: Necesitan líneas revolventes, scoring por flujo, garantías compartidas.

Hoy, ninguno de estos segmentos tiene banca adecuada.

7. El círculo vicioso: sin seguridad no hay banca, sin banca no hay crecimiento

El independiente: no se bancariza por miedo a extorsión, sin bancarización no genera historial, sin historial no accede a crédito, sin crédito no crece, sin crecimiento sigue vulnerable.

Romper este círculo no es solo financiero: es seguridad nacional.

8. Qué debe hacerse (y qué debe dejar de hacerse)

Hacer:

- Tratar la extorsión como delito económico prioritario.

- Reducir el uso de efectivo: pagos > $1,000 por transferencia.

- Certificación técnica modular y verificable.

- Justicia mercantil y civil ejecutable y digital.

- Crear banca productiva segmentada (no clientelar).

- Integrar pagos, certificación y crédito en un solo ecosistema.

Dejar de hacer:

- Propaganda laboral sin productividad.

- Programas sociales sin salida económica.

- Regulación punitiva sin protección.

- Discurso ideológico sin números.

La decisión de la década

México sí puede construir una economía independiente productiva, competitiva frente a Estados Unidos y capaz de absorber talento joven fuera del crimen organizado. Pero para hacerlo debe tomar una decisión clara: o protege al que produce, o seguirá tolerando al que extorsiona.

La actividad independiente no es el problema. Es la oportunidad histórica ignorada.

Sin Estado de derecho no hay banca. Sin banca no hay productividad.

Y sin productividad, no hay país.

Mario Sandoval. CEO FISAN SOFOM ENR. Banquero y abogado con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.