No es un nombre más en una lista de víctimas. Montserrat Bendimes es el rostro de la espera de cinco años, de la lucha contra la burocracia, de la dignidad de una familia que no se rompe aunque la justicia tarde en llegar.

El pasado jueves fue un día importante, definitivo, en esa espera. Un juez dictó sentencia contra el feminicida, Marlon “N”. Una sentencia de 70 años, acorde a la gravedad del delito. Ese hombre que privó de la vida con brutalidad, con una saña infame a quien fuera su novia, verá su vida pasar dentro de una prisión.

He seguido de cerca el caso de Monse. Me ha dolido como madre, como mujer, como veracruzana.

El feminicidio contra esta joven de 20 años de edad nos desveló a los y las habitantes del puerto jarocho y nos llenó de angustia, pensando ¿dónde estarán seguras nuestras hijas?

En esta historia hubo también una madre que luchó desde su dolor, Cecilia Roldán, quien al terminar la audiencia dijo que se hizo justicia, pero reconoce que el dolor no se va con una sentencia. Dijo que probablemente habrá apelaciones y que el camino no termina aquí, pero que por fin podrán empezar a cerrar heridas, paso a paso. Y sobre todo, dijo algo que nos conmovió: había “dos pérdidas para las dos familias”.

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Doña Cecilia se niega a perseguir a los padres del responsable, pese a que lo encubrieron y abandonaron a Monse en un hospital para después huir.

Entiende que la culpa es de quien la cometió, no de quienes también vieron partir a un hijo hacia el abismo de la cárcel.

Monse no regresa. Pero hoy su nombre no quedó en el olvido. Y su madre nos dio una lección inmensa: luchar sin rendirse, exigir sin odiar, y hacer justicia sin convertirse en verdugos.

Esta sentencia, y toda la tragedia que envuelve el feminicidio de Monserrat Bendimes ocurre un día después de que la presidenta Sheinbaum enviara al Congreso la Ley General de Feminicidio, que incluye con penas de hasta 105 años de prisión a quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Una ley importante, sin duda, que tiene que ser una herramienta eficaz que obligue a las instituciones a cambiar. Que cada vez que un fiscal pierda tiempo, que cada vez que un juez minimice los indicios, que cada vez que alguien piense que puede pasar por alto la violencia contra las mujeres, recuerde el nombre de Monse y de cada una de las mujeres que ha sido asesinada solo por eso, por ser mujer.

Marlon pagará por su crimen atroz, muchos feminicidas más en espera de sentencia deberán pagar también.

Pero la deuda con nosotras aún sigue pendiente. No debemos morir, nadie nos debe lastimar. Es lo menos que cada mujer merecemos.