“No es que el mundo esté peor; es que la cobertura es mayor.”
Umberto Eco
“¿Y si el problema no soy yo?”
Cualquier ciudadano mexicano, 2026
—Oye, amiga, me urge. ¿Puedes responder?
—Sí. ¿Todo bien?
—Estoy en un problemón. Me urge que me ayudes.
—Uy. ¿Te cayó la FGR o el SAT nada más?
O-O-O
—No, peor. Estoy detenido.
—¿Otra vez? ¿Qué hiciste ahora?
—Nada, un error, pero necesito que me transfieras ahorita mismo.
(Pausa dramática. Aquí es donde el gobierno supone que debo entrar en pánico, desbloquear la app del banco, aceptar términos y condiciones, registrar mi línea telefónica, mi huella digital, mi acta de nacimiento, mi CURP, mi RFC, mi tipo de sangre y, ya encarrerada, transferirle dinero al crimen organizado.)
Pero no.
—¿Detenido dónde?
—En el MP.
—¿Cuál?
—El… el de aquí.
—Ah, claro. El famosísimo “de aquí”.
O-O-O
—¿Te golpearon?
—No.
—¿Te sembraron algo?
—No.
—¿Te ofrecieron un café frío y una silla rota?
—…
O-O-O
—¿Por qué no me mandas una nota de voz?
—No puedo.
—¿Porque estás incomunicado?
—Sí.
—Perfecto. Entonces ¿cómo estás escribiendo?
O-O-O
—Amiga, no tengo tiempo para bromas.
—Yo tampoco. Dime el nombre del comandante que te detuvo.
—El… comandante López.
—¿Cuál López? ¿El corrupto o el corruptísimo López?
O-O-O
—Te lo suplico. Son 18 mil pesos.
—¿Nada más? Pensé que valías más.
—Es lo que me piden para dejarme ir.
—Baratísimo el sistema penal mexicano hoy en día, caray.
O-O-O
—¿A qué cuenta?
—Te paso los datos.
—Antes dime: ¿sigues usando BBVA o ya migraste al “Banco del Bienestar”, sucursal Reclusorio?
O-O-O
—¿Me vas a ayudar o no?
—Claro que sí. Pero primero: ¿recuerdas cuando nos fuimos a Acapulco y juraste no volver a pedir favores financieros?
—No recuerdo.
—Normal. Tampoco recuerdas mi segundo apellido, ¿verdad?
O-O-O
—Estás actuando raro.
—No, estoy actuando libre.
O-O-O
—Mira, hagamos algo: voy a ir personalmente al MP.
—¡No!
—¿Por qué?
—Porque… porque no. Habrían represalias.
—Ajá.
O-O-O
—Entonces le marco a tu mamá.
—No la metas en esto.
—¿Por qué?
—Porque se va a preocupar.
—Y tú, milagrosamente, estás tranquilísimo para alguien “detenido”.
O-O-O
—Última oportunidad: dime qué tatuaje tienes en el tobillo izquierdo.
—¿Qué tatuaje?
—Exacto.
O-O-O
—Mira, “amigo”: no te voy a transferir, como tampoco voy a registrar mi celular tal cual pide el gobierno.
No voy a entregar mis datos biométricos, no voy a pedirle permiso a la 4t para pensar y no voy a financiar ni a delincuentes ni a gobiernos que prefieren fastidiar ciudadanos antes que perseguir criminales.
O-O-O
—Chin…
—Sí. Exactamente eso.
(Bloquear contacto. Reportar spam. Reírse un poco.)
⸻
El gobierno quiere convencernos de que el problema somos nosotros: nuestros celulares, nuestras líneas, nuestra falta de “responsabilidad digital”.
Nunca el crimen organizado. Nunca la extorsión sistemática. Nunca la impunidad. Nunca ellos. El gobierno mismo.
La solución oficial es la de siempre: más registros, más bases de datos, más trámites, más sospecha sobre el ciudadano y cero consecuencias para el delincuente.
Pero hay otra vía, infinitamente más subversiva: aprender. No obedecer por miedo. No depositar por pánico. No entregar derechos a la autoridad a cambio de una falsa sensación de seguridad.
La risa también es defensa. La burla, a veces, es resistencia.
Y mandar a volar con inteligencia a un delincuente y/o a una autoridad —que muchas veces son lo mismo— es mucho más efectivo que cualquier supuesto mecanismo de control que nos quieran vender.


