La lucha en favor de la igualdad de las mujeres ha sido un combate digno, admirable y legítimo. Si bien a lo largo de la historia ellas estuvieron relegadas a ser ciudadanas de segundo orden, hoy se han abierto espacios en la vida pública que les ha permitido soñar y hacer de esos sueños una realidad.

Estos avances han tenido lugar en Occidente. En Oriente Medio y en los países de mayoría musulmana, las mujeres continúan teniendo un papel que las denigra. Lejos de poder participar en política, viven aún condenadas a existir en los márgenes de la sociedad.

Hace unos meses un amigo me contaba sobre su reciente viaje a Egipto. Mientras esperaba en la cola en una puerta de embarque del aeropuerto de El Cairo para abordar un vuelo rumbo a Asuán, un empleado de la aerolínea egipcia de bandera se le acercó y le pidió amablemente que se saliese de esa línea, pues los varones –explicó el sujeto- abordan primero el avión. Así el estado de las cosas en esa región del mundo.

En el caso mexicano, se celebran los avances en materia de igualdad. Hace unos días la presidenta Sheinbaum compartió un dato relevante del país. México es el país de la OCDE con mayor porcentaje de mujeres en el Congreso, por encima del 40 por ciento. Esto quiere decir que el interés por la política y los asuntos públicos ya no es solo una materia de varones.

De igual manera, se percibe un mayor número de mujeres que ostentan posiciones de decisión estratégica en el sector privado. Si bien el número de varones es todavía mayor, el avance ha sido significativo.

Las columnas más leídas de hoy

Por otro lado, México, a diferencia de democracias más sólidas como Canadá, Francia o España, cuenta con una mujer jefa de gobierno. Con sus luces y sombras, y mismo si se trata de un contexto específico propio de la realidad mexicana, es un hecho que debe celebrarse.

Sin embargo, a pesar de los avances, persisten sombras. Si bien, como he señalado, hay más mujeres en la política mexicana, desde cargos de elección popular hasta ministras de Estado, el talante antidemocrático de muchas de ellas cuesta en términos de progreso.

No basta con la presencia de mujeres en la vida pública, sino que debe extenderse a que compartan los valores de la democracia liberal que han permitido a otras naciones salir adelante. De poco servirá al destino de la nación que mujeres ocupen espacios públicos si no abrazan la democracia y si persisten las regresiones en términos de respeto por las instituciones y de consolidación de libertades.

En suma, el pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Fue una fecha festiva. Sin embargo, además de festejar la presencia de mujeres en la política, las aspiraciones de todos (varones y mujeres) deben estar dirigidas a contar con responsables políticas que compartan los valores de la democracia liberal. Así –solo así– puede construirse un futuro compartido. Deben evitarse por todos los medios la regresión democrática y el avance de los autoritarismos en el mundo, sean varones o mujeres quienes los promuevan.