El 4 de noviembre de 1979 una turba de manifestantes iraníes tomó la embajada de Estados Unidos en Teherán, Irán. Estas acciones violentas derivaron de la proclamación de una República Islámica por el ayatolá Ruhollah Jomeini. Esta revolución pretendía imponer un régimen teocrático que purificase al país de la nociva influencia del sah Mohammad Reza Pavhlevi y de los intereses estadounidenses.
La captura de la representación diplomática estadounidense en Teherán condujo a una crisis sin precedente en la historia de Estados Unidos. El gobierno del presidente Jimmy Carter se vio obligado a hacer frente a un desprestigio internacional sin parangón y a un colapso fatal de su popularidad.
Tras la vergonzosa salida de Vietnam en los años setenta y la caída del Sudeste asiático en manos de los comunistas, la crisis de la embajada conllevó un nuevo descalabro en la imagen de Estados Unidos como líder del mundo libre y como promotor de los valores democráticos y de libre mercado en el contexto de la guerra ideológica contra la Unión Soviética.
Los sucesos en Teherán, sumado a problemas internos y a una escisión del Partido Demócrata provocada por el senador Ted Kennedy, provocaron la derrota monumental de Jimmy Carter en 1980 y el inicio de una nueva era económica encabezada por el presidente Ronald Reagan.
Ese episodio histórico fue reproducido espléndidamente en la película Argo de 2012, dirigida y protagonizada por Ben Affleck; quien encarna al agente Tony Méndez, de la CIA, responsable de la operación que rescató, con el apoyo del gobierno de Canadá, a los funcionarios estadounidenses que lograron escapar de las instalaciones de la embajada en el momento de la irrupción de los manifestantes iraníes. Bajo la farsa de hacerse pasar por actores canadienses, fueron sacados de Irán y devueltos a Estados Unidos. No tiene desperdicio.
Como se ha informado, Estados Unidos se enfrenta hoy a un nuevo conflicto en Medio Oriente. Con el pretexto de la seguridad internacional y de la protección de los intereses estadounidenses e israelíes en la región, Donald Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu se han enzarzado en una nueva espiral de bombardeos y destrucción que debe conducir, según han asegurado los portavoces de ambos gobiernos, a un cambio de régimen que cancele los planes de producción de armas nucleares.
Si bien existen semejanzas en la argumentación esgrimida por Washington, esta nueva aventura estadounidense es distinta a la invasión de Irak en 2003 pues, según han reiterado, no habrá soldados en tierra, sino que se limitará al empleo de aviones y drones cuyos objetivos son la eliminación de los sitios destinados a la creación de armamento de destrucción masiva.
En suma, los acontecimientos que han tenido lugar recientemente en aquella región del mundo han evocado los dramáticos hechos de noviembre de 1979. Estados Unidos pretende destruir al régimen teocrático que un día les humilló internacionalmente a finales de esa década.



