Recuerdo que, hace poco, la oposición comenzó a especular, lo mismo que algunos medios de comunicación sobre la pausa que tomó Juan Ramón de la Fuente para atender una cuestión médica que, dicho sea de paso, tenía programada con especialistas para el mes de diciembre del pasado año. Su regreso dice mucho. Primero que nada, esto rompe por completo con las especulaciones que giraban en torno a su permiso. Algunos comunicadores, más que mal informados, dijeron que la presidenta de México planeaba cambios urgentes en su gabinete. La propia prensa neoliberal, que no dudó ni tantito, divulgó nombres que pudieran llegar a la cancillería porque, según ellos, los ajustes de la mandataria eran inminentes. De todo eso que comentaron, que fue falso, jamás justificaron una ausencia que la misma Sheinbaum aclaró.

Desde este espacio de opinión, de primera mano, supimos que el regreso de Juan Ramón de la Fuente estaba preparado para el día 5 de enero, especialmente en la Reunión de Titulares de Embajadas. Lo que sí no estaba previsto, queda claro, eran los posicionamientos por el caso de Venezuela. Sin embargo, eso no impidió que México, a través de su cancillería, fijará postura a la irrupción de tropas estadounidenses en Caracas. Eso, primero que nada, llevó al propio Juan Ramón a salir a escena justo en un momento clave donde la tensión sigue latente. De ese modo, la posición de México resulta crucial porque se suma a la cadena de países que han condenado esta situación. De igual forma, genera más fuerza para que los organismos internacionales llamen a la paz y al respeto al orden constitucional.

Hace un par de días, de hecho, se abrió un foro para dar la bienvenida a los participantes de la Reunión de Titulares de Embajadas. A su vez, sobra decir, el marco sirvió para mencionar lo que habíamos adelantado en estos espacios de opinión. Uno de los grandes desafíos de Juan Ramón, ahora que las situación se ha dado de este modo, es reforzar los lazos de cooperación y amistad con muchas naciones con las que existe una franca relación más allá de los temas comerciales que, en definitiva, son inherentes en esa colaboración mutua con sus pares. Entonces el canciller, en un primer momento de su regreso, cumple las expectativas de ese sentido de responsabilidad con el que nos distinguimos como nación libre y soberana.

Para ser honestos, realmente esperaba un mensaje del calibre que esbozó el canciller. Él, al igual que Claudia Sheinbaum, están convencidos de que la mejor salida para esto es, de una lista de alternativas, el diálogo y los canales de comunicación que abonen a encontrar un acuerdo de paz y alto a las hostilidades. Hay, de parte de México, una aversión por los conflictos bélicos. Entre los mismos funcionarios de la Cuarta Transformación, a propósito de ello, se manifiestan siempre las consignas de respetar y hacer valer la democracia. Hay un impulso constante con esa narrativa, sobre todo si nos remontamos a aquellos tiempos donde, lo vimos, se tensó la relación diplomática con Estados Unidos. De nuestra parte, en efecto, se ofreció cooperación con estrategias más sofisticadas en el rubro de la seguridad. Se ha garantizado, por supuesto, cruces fronterizos con más presencia de elementos de los tres órdenes de gobierno.

Esa misma voluntad de nuestro país en cooperar y generar puentes de entendimiento, fue crucial para salir bien librados de la amenaza latente que existió en el aumento de los aranceles a muchos productos que cruzan la frontera en calidad de exportación. México, por gestiones de los funcionarios y encargados de negociar, hicieron posible que más del 85% de productos quedarán fuera de ese esquema; es decir, que no generaran algún impuesto que pudiera mermar ingresos o ganancias. Sabemos de antemano que eso, como tal, sigue siendo un enorme desafío, al igual que el trabajo paralelo que se realiza en lo diplomático. Dentro de esos asuntos, está claro, se encuentra salvaguardar los derechos de millones de paisanos que están del otro lado. Eso, queda sobreentendido, son de los aspectos que importan más. Inclusive, la decisión de la cancillería de velar por los intereses de miles de familias habla del humanismo.

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En concreto, Claudia no ha sopesado ni ha evaluado ninguna posibilidad de cambio en la cancillería. Habrá continuidad, mucho más ahora que tenemos muchos desafíos por delante. Para Juan Ramón, queda claro, una de las principales tareas será fungir como posible interlocutor para mediar temas sustanciales como lo que sucede en Venezuela. Él, que ha demostrado ser un portavoz en la protección de los derechos humanos, tiene en sus manos una encomienda clave: salir a escena y arengar la apertura de canales de comunicación, como el propio exhorto que realizó a la ONU para contener cualquier intento más de ataque militar. No hay duda de que ese llamado impactará para que el razonamiento predomine, básicamente cuando se trata de respetar los principios más sagrados de una nación democrática: su orden constitucional.

Finalmente, la oposición se quedará con las ganas de ver reacomodos. Juan Ramón de la Fuente, por decisión de Claudia, se quedará por un largo tiempo no solo por la fuerte relación de amistad que existe, sino porque hay muchos elementos esenciales en esta construcción humanista del proceso de transformación. Además de ello, quizá lo más sustancial, es que hay retos que enfrentar como el seguir construyendo canales a favor de los migrantes y su permanencia en el vecino país, lo mismo que la relación diplomática. Se trata también, ha quedado comprobado, de ser un mediador al oponerse a los conflictos de guerra con el único fin de garantizar la hermandad y la paz, máxime si se trata de los pueblos latinoamericanos.