ICE: máquina monstruosa del caos fuera de control
ICE —Immigration and Customs Enforcement— es una agencia federal creada en 2003 como parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) tras la reorganización del gobierno estadounidense después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Su misión oficial es hacer cumplir las leyes migratorias, combatir amenazas a la seguridad nacional y proteger la seguridad pública. ICE se formó a partir de funciones disueltas del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) y del Servicio de Aduanas, absorbidas en DHS para unificar esfuerzos de seguridad.
ICE tiene dos ramas principales:
— Homeland Security Investigations (HSI), que investiga crímenes transnacionales, incluidos crimen organizado y tráfico;
— Enforcement and Removal Operations (ERO), que arresta, detiene y deporta a personas sujetas a la ley migratoria.
CBP —Customs and Border Protection— es otra agencia de DHS orientada a la frontera y puntos de entrada, mientras ICE opera en el interior del país.
FBI y CIA —teóricamente encargados de seguridad nacional y contrainteligencia— a menudo actúan como guardianes técnicos o de respaldo, pero en la práctica la supervisión directa de ICE/CBP en asuntos de abuso de fuerza es mínima o conflictiva. En escenas recientes, el FBI ha asumido investigaciones que podrían impedir acceso a evidencia crucial para autoridades locales, limitando la transparencia en casos de violencia en operaciones de inmigración.
No es desorden. No es accidente. ICE es Frankenstein. Planeado. Alimentado. Protegido. Por republicanos y demócratas. Hasta que Trump lo soltó con estruendo.
Kristi Noem, Secretaria del DHS bajo Trump desde el 25 de enero de 2025, dirige formalmente el aparato que supervisa ICE y CBP.
Radicaliza la fuerza. Legitima la impunidad. Actúan sin miedo, sin control judicial, sin rendición de cuentas. Miles de inocentes atrapados. Centros de detención. Años de abuso. Sin abogado. Sin consulado. Sin explicación.
Alejandro Mayorkas, secretario del DHS bajo Biden, febrero 2021–20 enero 2025, no creó el monstruo, pero lo consolidó y blindó institucionalmente.
Rutinizó detenciones masivas. Transformó irregularidades en procedimientos. La gestión reemplazó la ética. Y la gestión también mata. Trump no heredó un monstruo roto. Heredó una máquina aceitada, lista para espectáculo y terror.
Epstein.
Ataques a prensa.
Ataques a cultura.
Ataques a los Grammys.
Todo calculado.
Todo parte de la misma estrategia: miedo y poder.
Liam Ramos.
Ni él ni su padre cometieron delito.
Salieron solo porque Tom Malinowski, congresista, intervino.
La presión social ardió.
Miles más siguen secuestrados.
Niños.
Ciudadanos.
Migrantes legales e ilegales.
Todos vulnerables.
El monstruo no distingue inocencia de peligro.
Golpea sin plan.
Golpea sin razón.
Deja cicatrices indelebles.
Desde Minneapolis hasta Chicago y otros estados, agentes de estas agencias han usado fuerza letal en redadas migratorias con resultados fatales. En algunos de estos incidentes, agentes del CBP e ICE han disparado y matado a civiles en operaciones de control migratorio, lo que ha suscitado protestas, demandas y críticas por el uso de tácticas agresivas y poco transparentes.
¿Quién controla ICE?
Formalmente: DHS.
En la práctica: nadie.
CBP y ICE, fuerzas autónomas.
FBI y CIA, observan, calculan, rara vez intervienen.
Guardia Nacional aparece según conveniencia política.
Policías locales dudan o colaboran según intereses.
Resultado: poder absoluto, impunidad total.
Trump es usuario.
No arquitecto final.
JD Vance, exsenador y escritor, observa y aprende.
Busca capital político.
Pete Hegseth, comentarista y activista, radicaliza, polariza, arma supremacistas.
Marco Rubio, “moderado” entre comillas, calcula influencia, aspira a escalar poder internacional y doméstico.
Todos juegan. Todos disfrutan. El monstruo sirve a sus intereses. Trump empina. Pero es desechable cuando convenga. Los arquitectos del Frankenstein: mercenarios del poder y tremendistas del miedo. La cultura no calla. No es solo espectáculo. Es moral y denuncia política.
Voces que golpean con visibilidad global:
- Músicos: Bad Bunny, SZA, Olivia Dean, Kehlani, Shaboozey, Billie Eilish, Taylor Swift, Springsteen
- Actores y cineastas: Robert De Niro, George Clooney, Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Sylvester Stallone (para señalar tibieza), Antonio Banderas, Lady Gaga, Jennifer Lawrence, Brad Pitt, Eva Longoria, Gael García Bernal, Natalie Portman, Guillermo del Toro, Benicio del Toro, Beyoncé, Rihanna
Usan fama para denunciar violencia e impunidad.
Discurso.
Apariciones públicas.
Pines.
Declaraciones.
Apoyo a marchas y campañas.
Transforman indignación en presión global.
Trump los insulta.
Descalifica premios.
Ataca periodistas.
Intenta desacreditar lo que no controla.
Es la reacción del poder cuando la narrativa se le escapa.
Pero no basta.
Las protestas crecen.
El monstruo sigue intacto.
No se detiene con tuits.
Ni con consignas.
Se detiene cuando la impunidad sangra.
Liam Ramos salió.
Miles más no.
No están ahí por delincuentes.
Están ahí porque un sistema fuera de control los necesita como víctimas.
Es hora de decirlo: Cuando el poder deja de rendir cuentas, solo la sociedad organizada puede destruirlo. El Frankenstein no se domará solo. Nadie que lo ayudó a nacer lo destruirá voluntariamente. El riesgo más grande aún no llega.
Si esta máquina sigue intacta…
Si sus liderazgos se radicalizan y multiplican…
Si los próximos arquitectos no encuentran freno…
Podríamos enfrentar un monstruo totalmente incontrolable, con jefes ingobernables, capaz de operar fuera de toda norma, ley o freno institucional.
La amenaza ya está a la vista. Y es real.
X: @salvadorcosio1 | Opinión.salcosga23@gmail.com





