Julio Scherer, exconsejero jurídico del expresidente AMLO, ha publicado recientemente, en coautoría con el periodista Jorge Fernández Menéndez, el libro Ni Venganza ni Perdón, de la editorial Planeta. Si bien, el texto no se encuentra aún en librerías, ha empezado a circular en versión PDF en las redes sociales y grupos de WhatsApp.

Según ha trascendido, y de acuerdo a la lectura de algunos párrafos por parte de periodistas, Scherer revela una serie de nexos criminales de Jesús Ramírez Cuevas, otrora director de Comunicación Social bajo AMLO, y hoy coordinador de asesores de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ambos, Scherer y Ramírez, destacados miembros de las administraciones morenistas.

Debe recordarse que Scherer formó parte del círculo cercano de AMLO. En tanto que cabeza de la Consejería Jurídica, fue responsable del cabildeo presidencial frente a las cortes federales, la Fiscalía General y la Suprema Corte de Justicia. Hernán Gómez, quien no se destaca por su brillantez ni sus dotes analíticos, expuso en su propio libro (el cual no he leído ni pienso hacerlo), las redes tejidas entre el propio Scherer y el exministro Arturo Zaldívar para hacer avanzar los intereses del expresidente en el sistema judicial, en una clara violación de la independencia de los jueces y del propio máximo tribunal.

Se ha señalado que Scherer vincula a Ramírez con Sergio Carmona, señalado públicamente por ser cabeza de la red de huachicol. En un orden lógico, y según las propias palabras del exconsejero jurídico, las actividades delincuenciales de ese sujeto se habrían extendido hasta el financiamiento de las campañas de Morena y el huachicol fiscal, y habría involucrado a personajes conspicuos del obradorismo tales como el gobernador Américo Villareal y el secretario Mario Delgado.

El libro de Scherer parece ser un nuevo elemento que apunta hacia la existencia de una compleja red delincuencial que toca a personajes que hoy ocupan cargos de poder en el morenismo. No se trata de personajes del pasado ni de hombres o mujeres que han dejado sus responsabilidades, ni expanistas ni calderonistas ni miembros de la mafia del poder, sino de individuos que hoy asesoran a la presidenta Sheinbaum y que toman decisiones en materias esenciales tales como la educación pública o que gestionan la gobernabilidad de un Estado.

El morenismo, como lo ha hecho en el pasado, tendrá que salir a buscar justificaciones peregrinas que desacrediten a la figura de Scherer. Bien vale antes destruir al mensajero que contestar el mensaje. Hablarán de traición y bajeza. Dirán que debe ir a la cárcel, como lo ha hecho el impresentable senador Fernández Noroña. No asumirán responsabilidades y mucho menos iniciarán investigaciones en contra de los suyos. Tal vez solo Ramírez Cuevas será cesado. Quizá culpen como siempre a García Luna o echarán mano de sus frases acostumbradas que les permitan salir del nuevo escándalo público que les ha caído encima. Al tiempo.