El campo no es solo paisaje, es el latido constante de nuestra tierra. Al recorrer sus surcos, no solo vemos cultivos, vemos historias de vida. Vemos a familias enteras, desde el abuelo que lee el cielo para predecir la lluvia, hasta el niño y la niña que aprenden que la paciencia tiene forma de semilla, entregarse por completo a una labor que no conoce de horarios ni de descansos. El campo es un compromiso generacional donde la edad no es límite, sino sabiduría compartida.
Estas familias son el motor invisible, pero vital, de nuestra economía. Cada vez que ponemos un alimento en nuestra mesa, estamos recibiendo el fruto de un esfuerzo físico extenuante y de un conocimiento ancestral que sostiene al país. Sin su labor, el país se detendría, sin su sudor, nuestra seguridad alimentaria terminaría.
Es, por definición, la actividad más prioritaria de nuestra sociedad, aunque a veces la prisa urbana haga que muchas y muchos lo olviden. A pesar de su relevancia, las deudas con el campo siguen siendo profundas y urgentes. Persiste la falta de acceso justo a la tierra, la carencia de servicios básicos en las zonas rurales y la marginación de mercados que paguen lo justo por tanto esfuerzo. No podemos seguir celebrando la cosecha mientras ignoramos las carencias de quien la siembra.
Es momento de entender que su lucha no es ajena. La lucha por la dignidad rural, por la defensa de las semillas y por la protección de los recursos naturales debe ser la lucha de todas y todos. Cada derecho conquistado por un campesino, por una campesina es una victoria para la soberanía de nuestro pueblo.
Hoy, miremos al campo con el respeto y el orgullo que merece. Sintamos orgullo por nuestras campesinas y campesinos, por su resiliencia inquebrantable y su amor por la tierra. Reconozcamos que en sus manos reside el sustento de nuestro país.
Solo si caminamos a su lado, entendiendo que su bienestar es el nuestro, podremos construir un mundo más equitativo. Juntas y juntos impulsemos un campo digno, próspero y valorado.
Jennifer Islas. Política y conferencista.


