Hace poco escuchamos y vimos que la coalición Seguimos Haciendo Historia no solo se mantenía firme, sino que se consolidaba gracias a la flexibilidad que las dirigencias nacionales habían esbozado en conferencia de prensa. De hecho, el plan inicial fue crear un órgano colegiado que revisara minuciosamente los ajustes operativos de la encuesta que se está aplicando a lo largo y ancho del país. De cara a ese enorme reto que estamos viviendo, ahora que observamos las tensiones y los sobresaltos que atraviesa por una órbita que parece eclipsar, no se aprecia un equilibrio en la toma de decisiones. Morena, por ejemplo, se ha robado los reflectores y la atención de la ciudadanía. En la memoria de todos queda cómo han desfilado los nuevos coordinadores acompañados por los directivos del partido guinda y del PVEM; sin embargo, la gran ausencia la ha marcado el Partido del Trabajo. A cualquiera que ha estado presente le ha invadido el estupor.

Muchos pensarán que se trata de un desaire de los directivos del Partido del Trabajo. En realidad, no existe tal desprecio porque, a grandes rasgos, lo que ocurre es que se está tomando una decisión sin contemplar la estructura territorial de quienes integran la coalición Seguimos Haciendo Historia. Es verdad: las encuestas se están aplicando, pero no hay evidencias palpables que lo confirmen. Eso, por un lado, ensombrece la legalidad del ejercicio y, por otro, pone en jaque los acuerdos previos establecidos entre las tres fuerzas políticas. El piso, para ser precisos, no se está pavimentando parejo. Hay un juego desigual que, de no corregirse a tiempo, puede traer costos muy elevados. Basta una fisura para que la oposición gane terreno y, en consecuencia, se caigan los triunfos presupuestados que marcan las metodologías con los polos unidos. He ahí la diferencia cuando no se suministra el diálogo y la comunicación.

La causa, se supone, es común. Aplica para las tres fuerzas políticas, más allá del volumen de militantes y simpatizantes que engrosan las estructuras de cada partido. Quienes aspiran, por ejemplo, tienen que someterse a una encuesta; sin embargo, otro de los rasgos fundamentales —como una fórmula infalible que nunca falla— es el consenso y la negociación. Aunque Morena se llevará el mayor número de posiciones, también debe abrir el abanico para los aliados. Sería muy ventajoso para Morena querer los votos del Partido del Trabajo y del Verde sin ceder nada a cambio. Con mucha justificación —nos hemos cansado de decirlo—, una columna vertebral se sostiene de cimientos. Sin ir más lejos, con una simple explicación, hay mayoría calificada porque el PT, lo mismo que el Verde, ha aportado los votos suficientes para reformar la Constitución.

Cuando se trata de eso, efectivamente, brotan las connotaciones de hermandad y afinidad a un proyecto de transformación. ¿Qué pasa con la otra cara de la moneda? Cuando se trata de equilibrar la balanza, apenas comenzando un ejercicio, se ponen trabas o se toman decisiones unilaterales que —hemos visto— han ocurrido con el Partido del Trabajo. A ellos, una y otra vez, se les ha minimizado y excluido.

No podemos olvidar que, desde los tiempos de Andrés Manuel López Obrador, son una pieza crucial del engranaje. Por ello, si hablamos de injusticia o de formas incorrectas de manejar la situación, lo que observamos se llama faltar a los principios de equidad, mayormente cuando existe una petición legítima. Todos los bandos, sean de mayor o menor proporción de simpatía, tienen derecho a encabezar una entidad. De hecho, lo medular no es la designación en sí, sino ponerse de acuerdo para evitar pugnas que terminen apropiándose del grueso de la ciudadanía. Sería un acuerdo amplio que, para no ser ajeno a la realidad, esté dispuesto a ser flexible, básicamente por la larga experiencia que han acumulado los socios que constituyen la coalición Seguimos Haciendo Historia.

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Si Morena quiere evitar fisuras internas, que ya han comenzado a esbozarse en las entidades, tiene que ceder terreno a los aliados. La clave de todo es estar dispuesto a hacerlo en los hechos. Eso, incluso, fue uno de los pactos que se hicieron al arranque de este ejercicio de definiciones, precisamente para evitar un retroceso que, dada la magnitud, puede repercutir en la agenda de actividades de ambas cámaras legislativas. De hecho, todos son importantes para volver a construir la mayoría calificada que ha dado paso a las prioridades de la presidenta Sheinbaum.

Aunque el PT no ha fijado una postura pública, es muy clara la interpretación que reina alrededor de la coalición Seguimos Haciendo Historia. La forma es el fondo de las circunstancias. Para recomponer esta, efectivamente, hay que hacer lo necesario para sumar a todos los que han ondeado la bandera de la transformación. Caer en excesos de confianza, en un ejercicio que se visualiza competitivo, sería una mala apuesta de Morena.