Hace unos días el expresidente AMLO convocó a los mexicanos (o mejor dicho, a su fieles seguidores) a hacer aportaciones a una organización civil con el propósito –dicen ellos- de apoyar al pueblo cubano y de salvarles de las injustas restricciones económicas impuestas por Washington.
Como es tradicional en la pseudo izquierda mexicana, se habla sobre Cuba como un faro de igualdad y progreso. A su juicio, las penurias por las que han atravesado los cubanos desde 1959 no han derivado de la imposición de un régimen antidemocrático que ha hecho imposible el avance y la incorporación de la economía cubana en el mercado occidental, sino que ha sido culpa de los malditos yanquis.
Acto seguido, y como si una voz llegada del cielo se hubiese hecho presente, los más fieles obradoristas respondieron positivamente a la exhortación emitida desde Palenque. Entre ellos –no podía faltar- el impresentable senador Gerardo Fernández Noroña: quien ha expresamente hecho público su apoyo a personajes como Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel. Lo ha hecho, no obstante, desde las comodidades desde un asiento de primera de clase de una aerolínea europea o desde un hotel lujoso en Roma.
Otros impresentables internacionales, como el español Pablo Iglesias, ha hecho lo propio. Bajo el argumento de apoyar al pueblo cubano que sufre en manos de los estadounidenses, ha convocado a las “almas de izquierda” para demostrar su buen corazón y su sentido de solidaridad con los hermanos isleños.
El problema no yace en la existencia o ausencia de un sentido de solidaridad hacia el pueblo cubano. Huelga destacar que Cuba es una joya en la región latinoamericana. A lo largo de su historia, con esa mezcla genial de cultura hispánica con pueblos africanos y caribeños, sumado a la jovialidad de la isla, ha encantado a propios y extraños.
La problemática reside en el hecho de que un gobierno antidemocrático y dictatorial gobierna en La Habana. No contentos con destruir cualquier esperanza de transición a la democracia, han reprimido con violencia a la disidencia. El castrismo, hoy encarnado en Díaz-Canel, controla la totalidad del aparato del Estado, desde las Fuerzas Armadas hasta las instituciones financieras.
¿El dinero depositado en la cuenta a nombre de Humanidad con América Latina A.C. llega a manos del pueblo cubano o se trata de una burda estratagema formulada por AMLO y los dictadorzuelos de la región para financiar al régimen de Díaz- Canel? El lector tendrá su opinión.
Finalmente, debe recordarse que el proceso de Nicolás Maduro sigue su curso en Nueva York. Entre las acusaciones presentadas por la Fiscal General de Estados Unidos contra el expresidente venezolano se encuentra la operación de una red de regional de narcotráfico que no nada más pasa por Caracas, sino que toca base en La Habana. Por lo tanto, el asunto de las aportaciones dirigidas a Cuba levanta serios –muy serios- cuestionamientos tanto en términos legales como de propósitos auténticos.



