Este miércoles se debate la propuesta del PRI para ampliar el acompañamiento de la Sedena en funciones de seguridad pública a la Guardia Nacional hasta 2028 y los números parecen colocar a Ricardo Monreal en aprietos. Tiene una solicitud clara por parte del presidente a través del secretario Adán Augusto, que paradójicamente, mantiene una similitud con él: sentirse amenazado por Claudia Sheinbaum ahora que se ha tomado muy en serio el papel de corcholata más que de mano presidencial vigente.

Si Monreal vuelve a confiar, es probable que lo haga aspirando a quedarse con la Ciudad de México al menos, pues en el fondo, está consciente de que la grande se aleja de sus manos en medida que él mismo se aleja del presidente. Pero Monreal ha demostrado paciencia y destreza a la hora de jugar, sin presionarse por los movimientos de sus adversarios -aunque se vistan del mismo color partidista-.

En los grandes momentos de la historia mexicana, los que son parte de un equipo de líderes, al pretender tomar el espacio de Alfa, solamente tienen dos alternativas: ser los favoritos para la continuidad o ser los favoritos para la ruptura, volcándose opositores y rompiendo con aquello que les hizo crecer. Después de todo, la narrativa de poder que construyó a López Obrador se erigió en la perversión perredista y la distorsión de lo que se esperaba de la izquierda en 2011.

Andrés Manuel ha sabido elegir con precisión los mejores momentos para romper con aquellos que le acompañaban y hasta con aquellos que, siendo mayores en edad o hazaña política, debía romper para diferenciarse y fortalecer su propio movimiento.

Probablemente, eso lo tenga claro Ricardo Monreal al momento de pensar en el mejor momento para la ruptura. Y vaya que la esencia del debate público sobre militarización puede ser tentador: opositores, sectores de organizaciones y activistas, viejos pacifistas y hasta uno que otro grupo feminista se identificará en que la ampliación del mandato militar en la Guardia Nacional no se amplíe. Lo celebrará bastante. Al senador le podría urgir llenarse de causas sociales de las que justamente carece a raíz del pragmatismo con el que afronta las batallas: más electorales y prácticas, menos ideológicas y orgánicas.

Tiene simpatizantes por el poder que acumula pero no parece tener un movimiento de personas identificadas ideológicamente con su propuesta. No tiene, por lo menos, lo que Sheinbaum ha logrado acumular con una base social de mujeres y hombres con varios principios como la igualdad, honestidad, lealtad incondicional, democracia, amor y sencillez.

Como sucedió en Star Wars, el momento de Monreal es el de elegir quedarse con las fuerzas Jedi apoyando a López Obrador o unirse al lado oscuro, motivado claramente por la ambición y la idea de que el fin justifica los medios.

Al contrario de las rupturas que hicieron a López Obrador el líder político y presidente más votado y más querido, parece que a Ricardo Monreal le ha faltado ofertar un proyecto aglutinante más que un simple escrito. Abstenerse es de tibios y ante la votación que se tendrá en el Senado para la ampliación de la GN, su definición es esperada tanto por opositores como por la 4T. Tal vez, ese cálculo tan preciso como juego de ajedrez justamente es lo que le aleja de aglutinar simpatías: impredecible, sin claridad sobre lo que apoyará y sin claridad tampoco sobre aquello que no podría tolerar. Parece que si le sirve, lo tomará aunque vaya en contra de todo.

La Guardia Nacional puede ser el principio o el fin del liderazgo de Ricardo Monreal y todo dependerá de su voto y también, de sus negociaciones. Si pudo con la presidencia de la mesa directiva, seguramente, podrá lograr juntar los votos necesarios para la aprobación de la reforma que este miércoles se vota.

Militares militantes

Es buen momento para recordar que obedecer no es lo mismo que contener. La formación militar está orientada a obedecer en el cumplimiento de misiones y objetivos, algunos de ellos eliminar al enemigo, haciendo lo que sea necesario para lograrlo. La formación de seguridad ciudadana, en cambio, tiene como principal misión “contener”, prevenir y cuidar a la ciudadanía mediante neutralizar (ojo, no eliminar o combatir) las amenazas.

Eso implica, por ejemplo, que en una manifestación los policías decidan encapsular o retirar objetos que puedan causar daño mientras que los militares estarán enfocados en limpiar la plaza combatiendo-eliminando a los subversivos. Han dicho que no sucederá pero ¿acaso un mandatario puede entrar en la cabeza de cada uno de los militares activos para que no actúe conforme a su aprendizaje y naturaleza?