La soberanía no empieza en los mapas. Empieza cuando el pueblo deja de pedir permiso para participar.

Empieza cuando una vecina toma la palabra, cuando una colonia se organiza y cuando una comunidad entiende que su voz no es adorno, es poder.

Eso fue lo que se vivió durante la Asamblea en Defensa de la Soberanía Nacional en la alcaldía Miguel Hidalgo. No fue una reunión más. Fue una señal política clara: en esta alcaldía hay territorio, hay fuerza, hay organización y hay pueblo.

Y cuando el territorio se mueve, los de siempre se ponen nerviosos.

Porque una cosa es hablar de las colonias y otra muy distinta es caminarlas. Una cosa es presumir cercanía y otra regresar cuando ya no hay cámaras. Una cosa es decir que se escucha a la gente y otra sentarse con vecinas y vecinos a escuchar lo que realmente duele: la inseguridad, la falta de agua, los mercados abandonados, las calles oscuras, los parques olvidados y las juventudes sin espacios.

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Miguel Hidalgo no es una postal. Es una alcaldía profundamente desigual.

Existe la Miguel Hidalgo que algunos presumen en reflectores y discursos de eficiencia. Pero también existe la Miguel Hidalgo que se vive en Pensil, Tacuba, Popotla, Anáhuac, Argentina, Tlaxpana, Legaria, Observatorio, sus mercados, sus unidades habitacionales y sus colonias populares.

Esa Miguel Hidalgo también merece ser vista. También merece ser escuchada. También merece futuro.

Por eso camino. Porque la representación política no puede quedarse encerrada en la Cámara de Diputados. Porque un cargo público no sirve si no se convierte en presencia, trabajo y resultados. Porque la política que no toca calle se vuelve soberbia.

Y sí: caminar ha tenido costos.

He escuchado de todo. Que no tengo referente político. Que no tengo estructura. Que estoy muy joven. Que debería pedir permiso. Incluso han inventado que compré mi diputación, como si una mentira pudiera borrar el trabajo, las gestiones, las iniciativas, las causas y los recorridos.

También me han contado que a algunas personas las intentan intimidar si se acercan a mí; que hay liderazgos a los que les mandan mensajes; que hay quienes pretenden advertir con quién se puede hablar y con quién no.

Qué miedo tan grande le tienen a una mujer caminando.

Pero se equivocan.

La gente no tiene dueño. Las colonias no tienen dueño. Los liderazgos no tienen dueño. Miguel Hidalgo no tiene dueño.

Y quien necesita intimidar para conservar control, en realidad ya perdió autoridad política.

No voy a victimizarme. No me interesa.

La política no se trata de quejarse; se trata de resistir, avanzar y demostrar.

Podrán inventar lo que quieran. Podrán operar rumores. Podrán intentar atacarme, herirme, humillarme o apostar a que me canse.

Pero no me conocen.

No me detuvieron los ataques. No me detuvieron las burlas. No me detuvo la misoginia disfrazada de grilla. No me detuvieron las envidias ni las intrigas.

Al contrario, cada intento de frenarme confirma que vamos avanzando.

Porque cuando no pueden negar que una camina, inventan que compró. Cuando no pueden negar que una trabaja, inventan que alguien la puso. Cuando no pueden negar que una crece, inventan que no lo merece.

Esa es la política pequeña: atacar lo que no puede controlar.

Yo no llegué a la política para pedir permiso.

Llegué para trabajar.

Llegué para caminar, escuchar, dar la cara y construir desde abajo. Llegué para demostrar que la fuerza política no se decreta, se construye en la calle. Que el territorio no se presume, se camina. Que la confianza no se exige, se gana.

El segundo piso de la transformación no puede construirse solo desde arriba. Tiene que sostenerse desde abajo, con ciudadanía, asambleas, organización y pueblo.

Porque las transformaciones profundas solo permanecen cuando la sociedad las hace suyas.

Eso fue lo que se vio en nuestra Asamblea: una comunidad que ya no quiere esperar, que ya no quiere ser ignorada y que ya no quiere que otros decidan por ella.

Miguel Hidalgo merece más.

Merece una política con calle, con causa, con carácter y con resultados. Merece que la transformación llegue a todas sus colonias, no solo a las zonas de siempre. Merece representantes que no le teman al territorio.

Por eso voy a seguir caminando.

Voy a seguir escuchando. Voy a seguir organizando. Voy a seguir trabajando.

Aunque incomode. Aunque inventen. Aunque intenten frenar.

Porque mi compromiso no está con la grilla chiquita ni con quienes creen que Miguel Hidalgo tiene dueños. Mi compromiso está con la gente.

Con las mujeres que quieren vivir sin miedo. Con las juventudes que merecen oportunidades. Con las familias que exigen servicios dignos. Con las personas adultas mayores que quieren ser escuchadas. Con las colonias que ya se cansaron de esperar.

Y también quiero decirlo con claridad a mis compañeras y compañeros: dejemos las envidias, los inventos, las descalificaciones y las intrigas. Dejemos de ver como amenaza a quien trabaja y empecemos a ver como oportunidad a quien suma.

La causa no somos nosotros.

La causa son nuestras vecinas y vecinos. La causa son las colonias abandonadas. La causa son las familias que exigen servicios, atención y dignidad.

La causa es Miguel Hidalgo.

María Teresa Ealy Díaz. Diputada Federal. LXVI Legislatura

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