Los más recientes resultados arrojados por la prueba PISA no son halagüeños. Se ha registrado un retroceso general en todos los países participantes. Mientras algunos apuntan hacia la pandemia de Covid- 19 como principal detonante de la involución en materia de resultados de logro de los alumnos, otros señalan otros factores como la ausencia de una estrategia de Estado y una baja inversión pública en educación. En todo caso, cada país presenta una realidad distinta y merece una evaluación individual.

El caso de México es particular. Si bien, al igual que el resto de los 91 participantes, registró una caída importante, ésta ha sido menor en términos relativos, con apenas alrededor de 7 puntos en matemáticas y lectura, mientras que Francia, por citar uno solo, registró un retroceso de 21 y 19 puntos en las mismas materias.

Sí, efectivamente, el desempeño de México en la última prueba PISA en relación con su edición anterior mostraría un aparente “control de los daños” en los últimos años, lo que habría podido evitar un descalabro de las magnitudes del resto de los países. No obstante, la tragedia educativa en México no se limita al covid, sino que echa raíces en la sempiterna presencia de poderes fácticos como el SNTE y la CNTE, mismos que han obstaculizado cualquier intento de reforma en favor de los niños y jóvenes mexicanos.

La presidenta Claudia Sheinbaum, Mario Delgado y sus voceros han salido ufanos a cantar alegremente que México no “ha caído tanto”, en un intento frustrado, amañado y tendencioso a hacer parecer que la llamada Nueva Escuela Mexicana ha rendido frutos y que la respuesta de la SEP ante el coronavirus fue correcta. Tergiversan.

Lo que omiten señalar es que los porcentajes de PISA 2025 se comparan con los resultados de la misma prueba de 2022, donde México se ubicaba, lamentablemente, entre uno de los peores evaluados. Es decir, si se consideran sólo los números relativos podría apreciarse un resultado de contención, pero si opta por la evaluación integral de los números históricos de México en la prueba, incluyendo el 2022, las conclusiones son profundamente desalentadoras.

En otro momento AMLO y el obradorismo descalificaron a la prueba PISA como “neoliberal”, epíteto empleado contra la OCDE, llegando al despropósito de sostener que existía una estrategia internacional para privatizar la educación pública en México. Patrañas. Y sin embargo, ahora, ante la oportunidad de presumir un “retroceso contenido” utilizan el mismo instrumento como medio de propaganda para presumir su nuevo “modelo educativo”.