El primer gran reto de Luisa María Alcalde lo pasó con honores. La Consejería Jurídica que encabeza no está pensada para ser la misma que lo fue con otros titulares. Ha habido consejerías limitadas estrictamente a lo legal. Ha habido consejerías que se acercan más a la operación política. Ha habido, también, consejerías de la irrelevancia. Luisa tiene un rol distinto. Es posible que la presidenta se lo haya asignado de manera deliberada; es posible que ella misma haya leído el escenario con precisión y haya asumido que debe ser una vocera activa de las actividades jurídicas que se realizan desde la Presidencia. No solo redacta los documentos —que en sí mismo ya es un reto de primera magnitud—, sino que explica los temas, da entrevistas y ocupa la tribuna presidencial para ruedas de prensa semanales.

La emisión de los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias era un reto importante en lo legal y en lo político. Luisa ha demostrado, hasta ahora, una capacidad notable para ambas dimensiones.

En lo legal, el documento es impoluto. Nadie ha logrado encontrar errores constitucionales ni agujeros jurídicos de peso. Está bien sustentado. Es legible. Es completo. No falla. Suena sencillo. No lo es. La cantidad de errores, omisiones y contradicciones que han salido de esa oficina con otros titulares resulta, en retrospectiva, vergonzosa. Los lineamientos publicados defienden expresamente la libertad de expresión, la libertad programática y la libertad editorial al mismo tiempo que protegen los derechos de las mayorías: las audiencias. Recuperan y precisan lo que ya estaba en la Constitución y en la ley de 2014 —aprobada entonces por PRI y PAN—, lo que la Corte restituyó en 2022 y lo que la nueva legislación de 2025 volvió a colocar en el centro. No inventan censura. Establecen reglas claras de autorregulación: códigos de ética, personas defensoras de las audiencias, distinción entre información y opinión, entre publicidad y contenido, derecho de réplica y accesibilidad. Y lo hacen sin dejar espacio a la interpretación discrecional.

Lo político era todavía más complejo. Luisa María Alcalde leyó bien la situación. La presidenta se ha visto obligada, en múltiples ocasiones, a defender, explicar y sostener cada elemento de su administración sin el respaldo político suficiente de su equipo. La presidenta no puede ser el pararrayos permanente. Luisa asumió su cargo con claridad: ella defiende el proyecto que le encargaron. No espera a que la presidenta salga a defender la ejecución.

La conferencia de prensa de Derecho de Réplica de esta semana fue magistral. Hubo un esfuerzo notado. Se expuso, con evidencia y método, la existencia de una campaña coordinada para golpear un proyecto que no hace más que defender a las mayorías a través de la autorregulación. La exposición de los elementos narrativos y políticos desplegados para atacar los lineamientos alcanzó una calidad que no se había visto con esa contundencia en ocho años de gobiernos de Morena. No fue solo defensa técnica. Fue una intervención que desmontó la falsa narrativa de censura y mostró el doble estándar de quienes hoy se escandalizan de lo que ellos mismos avalaron hace doce años.

Además, Luisa ha tenido la capacidad de salir en múltiples entrevistas a defender su trabajo y la visión de Claudia Sheinbaum. Lo ha hecho mejor que cualquier otro miembro del gabinete presidencial en este momento. Ojalá que el equipo de la presidenta le aprenda a Luisa: así se hace. La presidenta no debe defender sola los encargos que tienen. El país requiere de elementos con capacidad técnica que puedan ser contundentes en la defensa de la parte jurídica y política. Ante los ataques, los resultados no siempre bastan. Hay una batalla narrativa. Hay que responder también con una voz fuerte, clara y preparada.

Luisa no la tiene sencilla. Enfrentará un ataque fuerte precisamente por haber hecho lo que nadie había hecho con esta fuerza: defender a la presidenta sin esperar a que ella misma lo hiciera. Su carrera ha sufrido retrocesos recientes. No hay nada como una gran batalla para superar los tropiezos. El tema es salir victorioso. Llegó el momento de demostrar, otra vez, de qué está hecha.