Para una mujer adulta, en pleno uso consciente de su autonomía, un parto es una ventana poderosa de apertura a la vida y al renacer.

Enfrentarse al sistema patriarcal que te ordena parir dormida y siendo cortada en siete capas para que sea rápido, para que sea eficiente, para que quedes “nuevecita” para el placer del marido es, al menos en mi experiencia, un acto de poder inmenso.

Aun así, el dolor de las contracciones y el momento en que los huesos se abren para abrirse paso con todas las infinitas posibilidades es un dolor tan terrible que capaz quebranta toda la fortaleza de la mujer que eligió parir así. Un dolor así debería ser voluntario en todo momento.

Mi experiencia mamífera de parir tres hijos fue primero, violenta (sistema público, violencia obstétrica); luego, maravillosa (en casa, con partera) y poderosa.

Pariría miles de veces, pese al dolor que te parte el cuerpo en dos, pero criar, criar no podría hacerlo ni una sola vez más y es por eso que me quedé solo con mis tres crías y ni una más.

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Deysi tiene diez años todavía. Seguro mide poco más de un metro y pesa un aproximado de 40 kg. Deberíamos estar hablando sobre cómo ella logró un nuevo truco en la bicicleta o pasó con honores el tercero de primaria. En vez de eso, hablamos sobre cómo tantos adultos a su alrededor permitieron que ella gestara y pariera un bebé, siendo ella misma uno.

¿Se imaginan el dolor desgarrador de un parto en un cuerpo que no está preparado para ello?, ¿se imaginan estar al borde de la muerte porque nadie te vio, nadie te rescató y tú solo eras una niña obligada a vivir torturada por MESES para finalmente desangrarte sobre la plancha de un hospital carente y helado?

Vivimos en un mundo donde una niña de diez años de edad, luego de ser violada (no sabemos cuántas veces ni por quién), tuvo un embarazo A TÉRMINO a raíz del cual se encuentra luchando por su vida.

Su caso no es aislado. En México y otros países a las niñas se las sigue vendiendo y explotando sexualmente todos los días. Los depredadores se sientan a su mesa y sonríen con la misma boca con que las aterrorizan.

El embarazo infantil es un término que no debería hacerse posible. Es violación. Y como consecuencia de la violación, tortura. Un embarazo forzado es tortura.

Ante la tortura bajo la que esta pequeña vivía: ¿qué hacen los pro gestación forzada? ¿Qué opinan las religiones de la situación de todas esas niñas que no pueden correr a ninguna institución a pedir ayuda para alejarse del violador o siquiera solicitar un aborto? ¿Qué nos dicen todos estos partidos políticos de ultraderecha que antes ya han festejado a niñas de trece años de edad que “eligen” gestar y parir, en un espectáculo masivo morboso que debió denunciarse como violatorio a los derechos humanos?

En pleno 2025, todavía hablamos de tortura sexual y violencia de Estado como si hubiera algún debate posible. No. Una niña de diez años de edad no debió ser abusada, no debió gestar, no debió parir. ¿Cómo es que nadie frenó el desarrollo de esta agresión en ningún momento?. Los “usos y costumbres" no deben anteponerse a los derechos humanos y mucho menos al interés superior al bienestar de la niñez, sin embargo, existen muchas zonas en el país y en el mundo donde las niñas siguen siendo intercambiadas por vacas, como objetos, sin voz y expuestas a este tipo de tortura y violencia.

La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) reportó que tan solo en 2023, se registraron 9 mil 802 casos de niñas, niños y adolescentes de 1 a 17 años, atendidas en hospitales por violencia sexual, de las cuales el 92.3% correspondían a mujeres.

No hay ninguna dependencia que regule estas prácticas, y el gobierno tendría que tener la obligación de garantizar abortos seguros a las menores de edad que son víctimas de violencia sexual y, sin embargo, eso no sucede.

Se viralizó el año pasado una lista de los nacimientos de bebés de madres más jóvenes en el país. Destacan casos de niñas de trece años de edad que tienen hijos de hombres de sesenta, setenta años. Eso tiene nombre y es pederastia. Me pregunto si esos hombres fueron arrestados y las niñas fueron resguardadas, que es lo mínimo que, en ese punto, el Estado debería hacer para reparar el daño irreparable de la tortura de gestar siendo niña, no madre.

Así como no hay penas lo suficientemente duras para los depredadores sexuales que llegan al país de todas partes del mundo buscando adquirir un cuerpo infantil a bajo costo y en total impunidad. Estamos entrando a la ventana comercial del Mundial, y ¿qué creemos que va a pasar si las dependencias no operan como deberían para proteger a los niños que lo necesitan, mucho menos si esas niñeces son originarias y viven en la precariedad en zonas de alto riesgo y gentrificación extranjera?

Ya lo han advertido las ONG’s, el Mundial es un riesgo para los niños y las niñas, siendo México el segundo destino favorito para pedófilos en el mundo y el Estado no tiene absolutamente ninguna estrategia de protección y protocolos que desalienten el “turismo sexual” con niños en nuestro país.

¿Qué va a hacer el Estado encargado de velar por el bienestar de los niños y niñas para prevenir y reparar? ¿Cómo van a seguir sosteniendo su discurso de que los niños son lo más importante si DIF, PRONIF y cualquier dependencia resulta inoperante e inútil ante la indiferencia acerca del abuso sistemático de nuestras niñas?

Esto no es un llamado, es una exigencia para que se hagan cargo y que quienes pusieron a Deysi en esa cama de hospital paguen lo que hicieron, y que aquellos que buscan llegar al país a depredar a nuestros niños sean disuadidos con fuerza y contundencia. Esta es una exigencia ciudadana de anteponer el interés superior de la niñez en TODOS los casos, sin importar las comunidades ni la situación de vulnerabilidad de la que provengan.

Las madres estamos observando y exigimos que castiguen a quienes imponen la maternidad infantil a nuestras niñas.