Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío…

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos…

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

PABLO NERUDA

Amnesia colectiva

Tenía razón Pablo Neruda en aquel Poema #20: “es tan corto el amor y tan largo el olvido”.

Y para los políticos de hoy, que fueron los de ayer, es una bendición el que muchos mexicanos olviden o desconozcan sus orígenes como figuras públicas, así como una muy importante parte de su trayectoria política.

Con la muerte de Luis Echeverría Álvarez no pocos han comparado al difunto presidente con el actual.

Yo no quiero concentrarme en ello, si bien sí es un buen punto de inicio para el análisis que quiero hacer el recordar que López Obrador comenzó su carrera en la política nacional precisamente cuando el populista Luis Echeverría destruía la nación.

Los orígenes

López Obrador abrevó en las fuentes, en los discursos y en las peores mañas del otrora partidazo nacional.

Aprendió del dedazo, convertido hoy en destape y también aquello de que ‘quien se mueve en la foto no sale’ (tal vez modificado: sus tres corcholatas se pueden —es más, ¡se deben!—mover, mientras que el dicho —y la saña— solo aplica en contra de Ricardo Monreal).

Las benditas amnesias no le permiten registrar a una buena parte de la población lo que significa que López Obrador, así como muchos de su equipo, vengan de aquel priismo oscurantista.

El prinosaurio donde el presidente era un ser omnipotente —y omnipresente— de la nación y nadie ni nada sucedía si no era bajo su muy priista voluntad.

López Obrador proviene del priismo más rancio, arcaico y populista, donde la palabra del presidente (así estuviese equivocada) era la única que importaba y valía. ¡Cuánto daño ha hecho la concentración de poder!

Tiempos cuando la autonomía de los tres poderes de la Unión no existía, pues solo pasaban las iniciativas enviadas por el presidente y la Suprema Corte de Justicia acataba los deseos del inquilino de Los Pinos.

Feos y amnésicos vicios

La denostación a los periodistas, soterrada en una falsa apertura.

Esta únicamente destinada a los medios afines al gobierno; a ellos el apapacho, el chiste.

Que los otros, sufrieran el cierre de sus oficinas, el recorte de papel y la defenestración como si se tratara de traidores, de conservadores, y no de informadores de la realidad nacional. ¿Algo les evoca?

Benditas amnesias que han mandado al olvido cómo se le “cayó el sistema” a Manuel Bartlett en 1988 cuando fungía como secretario de Gobernación, lo que le quitó la Presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas y se la dio al innombrable Carlos Salinas de Gortari (por cierto, este hizo del hoy director de la CFE su secretario de Educación Pública y, después, gobernador de Puebla).

Las mismas mañas que hoy buscan desaparecer al INE para que las elecciones vuelvan a ser controladas por el ejecutivo federal y su partido político.

Los que borran de la memoria de los mexicanos la existencia de los programas clientelares disfrazados de sociales.

Esos que hoy, como ayer, solo ayudan a producir y retener a un mayor número de personas en la pobreza. Fábricas de pobres que ahora cobran nuevos significados.

Aprendizajes y vivencias que han resucitado

Amnésicos también en aferrarse al petróleo —mientras se deshacen de la inversión de privados—y tratar de hacerlo la razón de ser de la economía y del crecimiento.

Una de las causas de la estrepitosa crisis del 82 fue la caída del precio del petróleo; a 40 años, insistir en ello, especialmente ahora que se trata de un combustóleo cuyo fin se avizora a lo más en 18 años, no solo es una incongruencia, es un crimen también.

Olvido cuando se insiste en programas tipo CONASUPO, que se supone son para paliar el hambre en el país, pero han servido solo para enriquecer a unos cuantos.

Utilizar la desmemoria para volver al “día del presidente”, solo que ahora celebrado algo así como cada 4-6 meses y no únicamente el primero de septiembre.

Benditas amnesias para quienes no recuerdan el daño que los presidentes hacían en la economía al gobernar en el Banco de México al decidir las tasas de intereses, y que llegaban hasta imprimir billetes.

Amnesia que cubre los recuerdos de una inflación galopante, donde los precios subían de una forma escalofriante. Y lo único constante era el saber que el dinero que se ganaba compraba cada mes un poco menos.

El manto de la ilegalidad e impunidad

La lección no bien aprendida de gobiernos que gradualmente se volvían autoritarios al grado de reprimir a estudiantes. Ahora se amenaza a la UNAM y se violenta al CIDE (no existía en épocas de Luis Echeverría) y se atoliza por completo la educación pública.

El recurso ese de culpar a otros de los errores propios, como fue la devaluación del peso en tiempos de José López Portillo, hoy trastocada en hablar de tranzas y desfalcos —nunca probados— en lo que tenía que ver con el NAICM o con la distribución y comercialización de medicinas y vacunas (esas que sí llegaban a la gran mayoría de la población, no como ahora).

De acusar traición a la patria a los legisladores que osaban quejarse, contradecir, votar en contra de una iniciativa presidencial.

Del priismo que amenazaba abierta o veladamente a sus contrincantes, con tal de ganar elecciones…

Descansa tranquilo

Cuando López Obrador obtuvo el triunfo en el 2018, agradecía a las “benditas redes sociales”.

Hoy sabemos que ha de agradecer a las benditas amnesias. Esas que han mandado al olvido su pasado priista; su fuerte raigambre a uno de los periodos más nefastos por cuanto a populismo, pobreza, desigualdad y lacayismo se refiere.

Benditas amnesias para López Obrador que la población no recuerde sus orígenes ideológicos, ni todo el mal que acarrearon.

Que no permita ver la corrupción y la ilegalidad que desborda en su gobierno. Malditas amnesias que permiten a López Obrador continuar (y refinar) todo el populismo y poder tiránico de donde él proviene.