El debate contemporáneo sobre la soberanía de los Estados ya no se libra exclusivamente en fronteras ni en foros diplomáticos; su frente más encendido está en los algoritmos y en las redes de propaganda transnacionales y esto queda tácitamente comprobando con la reciente exposición bajo los reflectores la arquitectura de desinformación detrás del medio La Derecha Diario, evidenciando la peligrosa evolución del periodismo digital hacia la injerencia política por encargo.
Para entender este proceso, quiero ir unos pasos atrás al fundamento filosófico y psicológico que se tiene en la teoría de la espiral del silencio propuesta en 1974 por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, donde teoriza sobre que la espiral del silencio es un modelo de comunicación y de sociología que explica cómo las opiniones mayoritarias dominan el espacio público mientras las minoritarias se silencian por miedo al rechazo; los individuos observan el ambiente y los medios de comunicación para definir qué posturas son aceptadas o “correctas” antes de hablar y quienes perciben que su punto de vista es minoritario optan por callar; al hacerlo, la otra postura parece todavía más grande y dominante, lo que silencia a más personas.
Tomando como fundamente psicológico y filosófico esta teoría, nos damos cuenta que no estamos ante un mero ejercicio de libertad de expresión, ni frente al surgimiento orgánico de un medio alternativo, sino ante una estructura coordinada de un modelo de negocio basado en el golpismo digital a través de granjas de bots que operan cuentas falsas con narrativas prefabricadas con falsedad para manipular la opinión electoral y el clima sociopolítico a través de figuras como el consultor argentino Fernando Cerimedo y el español Javier Negre, que son los dueños y operadores de La Derecha Diario, un medio que llegó a México a través de la solicitud pública del oligarca Ricardo Salinas Pliego.
Lo verdaderamente alarmante es el vector de penetración de este esquema en el contexto nacional: la alianza y apertura de puertas patrocinada por el empresario Ricardo Salinas Pliego al introducir a estos actores al ecosistema mediático mexicano. Se importó un modelo probado en la región para socavar instituciones públicas mediante guerra sucia de alta intensidad; esto se transforma en una amenaza explícita de “intervenir México” y vulnerar la investidura del gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, pues ambos consultores han dejado claro en diversas publicaciones su formal interés de intervenir para la desestabilización de la política en México.
Cabe mencionar que esto no es una mera hipótesis, sino un esquema altamente probado en distintos países, donde estos personajes presumen “sus logros de intervención” en las elecciones, como en el caso de países como Argentina, Chile, Colombia y Ecuador entre otros, siendo Brasil un caso interesante, donde se legislo para impedir su participación directa en su territorio ya que se demostró la injerencia realizada.
El análisis de esta coyuntura exige diferenciar de manera tajante el periodismo de investigación contra el golpismo mediático, ya que cuando se demuestra que la opinión pública se manipula mediante artefactos automatizados y capitales de dudosa procedencia para coaccionar decisiones soberanas, la democracia misma se ve amenazada y México no puede ser el laboratorio donde magnates locales e injerencistas foráneos trafiquen con la estabilidad del país; señalar y desmantelar estas redes de guerra psicológica digital es hoy un imperativo de soberanía informativa.
