No resulta una sorpresa para nadie que México ha estado capturado por las redes del crimen organizado durante años. Derivado de una debilidad estructural del Estado mexicano, los cárteles de la droga han ido apoderándose de cada municipio, de cada cabecera, de la voluntad de cada alcalde, de cada carretera, de cada sección policial y hasta de cada político federal y local.
Según estimaciones elaboradas por expertos internacionales, un tercio del territorio mexicano se encuentra hoy controlado por alguno u otro cartel. En el caso del CJNG, su dominio se extiende por la costa del Pacífico, siendo amos y dueños de Jalisco, Colima y Michoacán, e incluso, con “subsidiarias” en el Golfo de México, como ha sido documentado el caso de La Barredora en Tabasco.
Los gobiernos federales sucesivos, de todos los colores, han fracasado estrepitosamente en su intento de poner un freno a la violencia y a la omnipresencia de las bandas delincuenciales. Felipe Calderón, ante una absoluta falta de visión estratégica, lejos de resolver el problema, provocó el empoderamiento de algunos cárteles, causando, a su vez, una ola de violencia que cobró la vida de miles de mexicanos.
Enrique Peña Nieto, lejos de modernizar la estrategia, continuó la línea dictada por su antecesor. Se estima que el CJNG inició su ascenso durante su sexenio. En adición, el caso dramático de los cuarenta y tres normalistas de Ayotzinapa puso en evidencia la inseguridad y fragilidad del Estado.
AMLO, si bien cambió la estrategia, lo hizo en la peor dirección y fracasó rotundamente. Bajo el discurso de una supuesta estrategia pacifista, renunció al uso de la fuerza legítima del Estado para combatir a grupos criminales que gozaron de inmunidad y expandieron su poder hasta límites irreconocibles.
Sheinbaum ahora tiene la posibilidad de convertirse en la gran protagonista de la historia del México reciente. Puede llegar a ser la mujer que devolvió al Estado mexicano la gobernabilidad perdida. No sería fácil, empero, deberá, en primer lugar, convocar a la unidad nacional para que la lucha sea no solo contra los sicarios en activo, y en segundo, tendrá que enfrentarse a la gigantesca red de corrupción que involucra a miles de funcionarios electos y no electos que forman parte del cuerpo de un monstruo que luce invencible; muchos de ellos, a luz de la evidencia, miembros de su propio partido político ligados a operaciones como el huachicol fiscal.
En ese cometido Sheinbaum necesitará el apoyo de Estados Unidos, y así replicar el éxito del domingo pasado. Será su oportunidad de oro. Con un ingrediente de voluntad política y otro de inteligencia estratégica, podrá pasar a la historia no solo como la primera presidenta, sino como la mujer que llenó de contenido a su cargo como jefa del Estado mexicano.



