Haber sido parte de la Secretaría de Educación Pública a nivel federal, así como haber sido directora de Educación Abierta y a Distancia en la Secretaría de Educación en el Gobierno del Estado de México, me ha dejado una reflexión grabada: durante décadas, estudiar fue un privilegio condicionado por el código postal y el reloj.

Si no vivías cerca de la escuela o tu trabajo era de sol a sol, tu proyecto de vida simplemente se quedaba en pausa.

Entonces llegó la pandemia y nos sacudió. Nos obligó a romper el cristal de la educación tradicional y, aunque el reto fue monumental, nos abrió los ojos a una realidad imparable, el aula ya no se limita a unas paredes. Pasamos de la resistencia a la oportunidad.

Hoy, esa narrativa ha cambiado. La educación en línea ha dejado de ser una alternativa de segundo plano para convertirse en uno de los motores de inclusión más potentes de nuestra era.

El mayor beneficio es, sin duda, la flexibilidad. No es solo una comodidad, es una necesidad vital para miles de personas. Poder cursar ya sea la secundaria, preparatoria, universidad o una maestría permite que el desarrollo personal y profesional no se detenga por falta de tiempo y/o distancia.

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A esto sumamos un factor clave para la calidad de vida: el ahorro en trayectos. En ciudades colapsadas, ganar dos o tres horas diarias que antes se perdían en el tráfico significa más tiempo para el aprendizaje, para la familia o para el descanso. Menos traslados se traducen en menos estrés y una mayor capacidad de enfoque.

Pero el impacto más profundo es social. La modalidad virtual está disminuyendo la brecha educativa de forma acelerada. Al romper las barreras físicas, permitimos que mujeres y hombres, adolescentes y jóvenes de comunidades remotas, accedan a la misma calidad académica que alguien en una metrópoli. Con un clic de distancia, el conocimiento se democratiza.

El objetivo final es claro: que nadie abandone sus estudios. La tecnología hoy nos ofrece el andamiaje necesario para que la educación se adapte a la vida de las personas, y no al revés.

Juntas y juntos impulsemos la educación en línea como una excelente opción, como una puerta abierta hacia un presente y futuro con más oportunidades para todas y todos.

Jennifer Islas. Política y conferencista