La historia política de México revela, según me lo advirtiera un entrañable amigo jurista, intelectual y político, que “para ser hay que estar”.
Una rápida mirada a dos siglos de experiencia acumulada así lo muestra.
Todos los presidentes de la república estuvieron y se forjaron en la política práctica a lo largo de varios lustros o décadas, y sirvieron en las fuerzas armadas, el servicio público, la vida partidaria o la lucha social.
De Guadalupe Victoria a Porfirio Diaz, y de Madero a Fox o Calderón, o de Carranza a Calles, Cárdenas o Peña Nieto todos estuvieron y se formaron en alguna de esas trincheras y, en general, todos se enfrentaron a graves problemas o crisis que los templaron y catapultaron a la máxima responsabilidad pública del país.
Lo mismo ha ocurrido con Lopez Obrador y Claudia Sehinbaum, quienes registran en sus biografías varias décadas de acción en la vida pública e institucional y enfrentaron problemas complejos.
La construcción de una candidatura presidencial lleva tiempo y está llena de vicisitudes que pueden dar al traste con los más pacientes y hábiles intentos. Así ocurrió con otros tantos o más aspirantes o candidatos que no lograron su objetivo.
En países en los que el calendario electoral es fijo y previsible, y el periodo de gobierno presidencial va más allá de los 4 an̈os y sin reelección, cual es el caso de México, por lo general los movimientos clave para posicionarse con rumbo a la candidatura se realizan desde los dos primeros an̈os del sexenio y se consolidan en los dos siguientes.
Baste recordar los casos más recientes, como los de Salinas de Gortari, quien desplazó del Gabinete a Silva Herzog en 1985 y se enfilo hacia la candidatura, o bien, Luis Donaldo Colosio y su espectacular salto desde el PRI al que revitalizó en 1991 hasta la Secretaria de Desarrollo Social al año siguiente, lo mismo que Francisco Labastida quien del gabinete federal pasó a la gubernatura de Sinaloa, luego asumió la cartera de Gobernación y de allí a la candidatura.
En el sexenio foxista, Felipe Calderon transitaría del modesto BANOBRAS a la Secretaría de Energía, a la que renunció sin permiso para cazar la candidatura dejando atrás la aspiración de Santiago Creel, entonces secretario de Gobernación y predilecto del presidente.
Otro tanto se vio con Pen̈a Nieto, quien construyó con Osorio Chong una poderosa coalición de gobernadores, incluida una parte del PAN, que lo condujeron a ganar la presidencia en 2012, después de dos décadas de trabajo en el Estado de México.
El sexenio en curso muestra los primeros reacomodos y alineamientos hacia el pasado mañana del relevo presidencial de 2030.
Del lado de la coalición gobernante, el reciente cambio en la FGR podría inscribirse en aquel escenario. En las oposiciones también se preparan materiales y perfiles para ese entonces.
No se olvide que “para ser hay que estar”. Además, como advirtió don Enrique Gonzalez Pedrero, téngase presente que la política es una cuerda floja en la que el equilibrista debe contar con malla de protección.


