Hay algo que en política no debería obviarse pero a veces pasa: el dinero público es de la gente y, por lo tanto, quien lo administra tiene la obligación de explicar qué hace con él.
Durante mucho tiempo hemos escuchado hablar de transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción. Son palabras presentes en discursos, informes y campañas, pero el verdadero reto empieza cuando hay que llevarlas a la práctica y convertirlas en una forma de gobernar.
Y para hacerlo bien no basta con la voluntad de una sola persona o de un solo gobierno. Se necesita coordinación.
Hace unos días impulsé una reunión en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión entre la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y presidentas y presidentes municipales del Partido Verde en el Estado de México.
La reunión se hizo bajo la premisa de que si queremos que la ciudadanía participe en el gobierno, necesitamos gobiernos responsables; y si queremos lograrlo, también necesitamos acercarlos a las instituciones que cuentan con la experiencia y las herramientas para orientarlos en el manejo adecuado de los recursos públicos.
La transparencia no debería aparecer únicamente cuando llega el momento de revisar cuentas. Debe estar presente desde que se toma una decisión, se ejerce un presupuesto o se pone en marcha una política pública.
Esa diferencia es importante porque una administración que entiende y atiende las reglas, que mantiene comunicación con las autoridades fiscalizadoras y que asume desde el inicio su responsabilidad, tiene más y mejores herramientas para hacer las cosas bien.
La fiscalización arrastra con una creencia que durante mucho tiempo se ha instalado en el gobierno, y es que rendir cuentas se liga usualmente a “castigo” o “molestia administrativa”. Pero lo cierto es que simplemente es parte de llevar a cabo un trabajo de forma responsable.
Para los gobiernos municipales esto cobra todavía mayor relevancia. El municipio es la autoridad más cercana a la vida diaria de las personas. Ahí llegan primero muchas de las demandas ciudadanas: servicios, seguridad, calles, agua y buena parte de los problemas cotidianos de una comunidad.
Por eso necesitamos municipios capaces de dar resultados, pero también de explicar cómo los consiguen.
Quienes hoy tenemos una responsabilidad polí.ca debemos entender que la confianza ciudadana ya no se obtiene únicamente con discursos. Se construye con resultados, información y cuentas claras. Y más aún hoy en día que la ciudadanía exige gobiernos más honestos.
Por eso celebro que existan colaboraciones de esta índole, para trabajar de manera coordinada entre los gobiernos municipales y las instituciones responsables de vigilar el ejercicio de esos recursos.
El objetivo debe ser muy sencillo de explicar y mucho más exigente de cumplir: prevenir antes que corregir, acompañar antes que improvisar y rendir cuentas siempre.
Porque gobernar no consiste solamente en administrar un presupuesto. También consiste en hacerse responsable de él.



