Se entiende que a la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), en Estados Unidos, hayan asistido representantes de la ultraderecha mexicana como Francisco García Cabeza de Vaca, Raúl Torres, Rosy Orozco, Mario Zamora, Tania Larios, Beatriz Pagés, Simón Vargas, Carlos Alazraki y un español dedicado a sembrar odio en nuestro país, Javier Negre.
Pero... ¿cómo explicar la presencia ahí de un analista como Jorge Fernández Menéndez quien había sido, normalmente, más o menos serio en sus trabajos periodísticos?
La CPAC es, ahora mismo, el peor movimiento de ultraderecha en el mundo, muy cercano al fascismo. Quienes la apoyan se han alejado, definitivamente, del debate democrático para apoyar, inclusive con fanatismo militarista, al populismo conservador más radical, al nacionalismo cristiano más dogmático y, en el caso de México, a la exigencia de intervenciones de EEUU en nuestro territorio —inclusive armadas— para supuestamente combatir al narcotráfico, lo que en realidad es el pretexto del que se valen en su intento de que la superpotencia realice lo que la derecha mexicana no ha conseguido en las urnas: echar a Morena del gobierno.
La participación de Jorge Fernández Menéndez en el evento de la Conferencia Política de Acción Conservadora —en la que abundaron insultos a la 4T y a la presidenta Claudia Sheinbaum—, se vuelve particularmente cuestionable por haber alimentado el discurso de los sectores duros de la ultraderecha estadounidense acerca del narcoterrorismo mexicano. Lo que hizo el colaborador de una de las televisoras de Ricardo Salinas Pliego no fue dar una conferencia académica, sino validar la narrativa que los sectores más radicales de EEUU usan para justificar una intervención armada en México. Ni Carlos Loret de Mola se ha atrevido a tanto.
Fernández Menéndez ha llegado a un punto de no retorno. Al igual que Julio César al cruzar el río Rubicón, ha tomado una decisión de vida. Ya no es periodista: ahora es activista de la peor ultraderecha fascista.
Nada de lo que ahora haga Jorge Fernández Menéndez podrá ya tomarse como periodismo objetivo, sino como apostolado intervencionista contra México. Así habrá que entender, de ahora en adelante, cualquiera de sus trabajos.
Julio César, al cruzar el Rubicón, dijo ‘Alea iacta est’ —la suerte está echada o los dados están lanzados— como una forma de convencerse a sí mismo de que su destino ya no estaba en sus manos, sino de lo que pasara en el combate.
Fernández Menéndez dirá que su suerte depende de los poderosos a los que sirve: ‘Auro Patrui Richie et armis Statunitensibus servio’ (‘Sirvo al oro del tío Richie y a las armas estadounidenses’).
Cuando Jorge Fernández Menéndez vea esa frase grabada en el mármol de la entrada del despacho de Salinas Pliego en TV Azteca y en los Headquarters de la CIA en Langley, Virginia, sabrá que su muy personal cruce del Rubicón ha alcanzado la gloria eterna del trending topic.


