Tras el ilegal ataque conjunto entre Israel y los Estados Unidos contra la República Islámica de Irán, conflicto armado que entra en su quinto día y que fue declarado de forma unilateral por Trump, sin autorización del Congreso, las realidades del campo de batalla y de las doctrinas de la guerra moderna comienzan a imponerse.

En términos simples, los herederos de la cultura persa están jugando una mano de ajedrez contra dos brutos que juegan a las canicas, golpeando una pieza contra otra.

El origen del ajedrez persa, o shatranj, está unida irremediablemente al Imperio Sasánida, la dinastía formidable que dominó la meseta persa desde el siglo III hasta el VII de la era común. Aunque la identidad del creador del juego se ha perdido por las brumas del tiempo, historiadores y anticuarios se han esforzado durante mucho tiempo por encontrar su lugar de nacimiento.

Una hipótesis académica prominente postula que el juego evolucionó por primera vez en el subcontinente indio, hacia el año 600 d.C., desde donde fue posteriormente llevado a las cortes y ciudades de la Persia sasánida, para allí arraigar y florecer como el juego del shatranj, palabra de donde viene la palabra ajedrez.

El término “jaque mate” se origina directamente de la frase persa “Shah Mat”, que significa “el rey está indefenso”. Los iraníes han estado jugando al ajedrez durante, al menos mil 500 años. Compárenlo con los patéticos, en el largo contexto de los procesos históricos, 250 años de existencia de Estados Unidos y 70 de la creación del “Estado” de Israel.

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Así, Trump y Netanyahu creyeron haber sacado la pieza principal del tablero con el brutal asesinato del ayatolá Alí Jamenei, su hija y nieta. Pero esa pieza ya estaba prácticamente fuera del tablero, con 86 años de edad y un cáncer incurable. ¿Cuándo una muerte no es definitiva? Cuando una persona deja de existir físicamente para convertirse en un mártir.

Con la experiencia del conflicto en Ucrania y el genocidio en Palestina, así como de la llamada “Guerra de los 12 días”, Irán instituyó una defensa de “mosaico”, con líderes militares descentralizados con capacidad de actuar de forma independiente. Durante los primeros días, mandaron su material (misiles, drones) más viejos para desgastar las baterías antiaéreas y misiles. Apenas horas después del ataque contra Irán, la República Islámica ya había destruido 14 bases militares ubicadas en la región. Al momento, ya son 21 las bases estadounidenses destruidas, con un enorme costo económico, humano y de material.

Es muy peligroso jugar a las canicas contra los maestros del ajedrez. Y su brutalidad no tiene límites. El departamento de guerra de Estados Unidos recién se jactó de haber atacado a un navío iraní en las cercanías de Sri Lanka. El conflicto se expande en lugar de contenerse. Y el resto del mundo somos rehenes de esta locura destructiva.