El popular compositor español Joaquín Sabina, en su canción La del pirata cojo acuñó la frase “comunista en Las Vegas”. Hoy ha cobrado un nuevo significado.

En medio del torbellino mundial provocado por el arresto de Nicolás Maduro, impresentables sujetos de izquierdas han alzado la voz para denunciar la violación de la integridad territorial de Venezuela, la contravención del derecho internacional y el imperialismo estadounidense. Muy poco han mencionado el carácter dictatorial del régimen chavista, y mucho menos se han referido a la destrucción institucional del país y al ultraje sistemático a los derechos humanos de los sus ciudadanos.

Me referiré a algunos. Pablo Iglesias, líder del partido español Podemos, junto a su mujer, Irene Montero, cuyo paso por el gobierno de Pedro Sánchez dejó más sombras que luces, han apoyado abiertamente al régimen venezolano. Mientras ellos juran hacerlo en pro de la defensa de los más pobres, diversas fuentes nacionales e internacionales han apuntado hacia el financiamiento de su partido por parte de Caracas.

Sin embargo, lo más lamentable de la denuncia hecha por Iglesias y Montero ha sido el sitio desde donde lanzaron su grito de indignación: una estación de esquí en el sur de España. Sí, mientras estos individuos, ufanos, defienden el chavismo, gozan de los lujos y la comodidad que solo un Estado capitalista y democrático puede ofrecer a sus habitantes. Son, en suma, un par de políticos descarados y oportunistas cuya legitimidad ha quedado, de nuevo, por los suelos.

Otro ha sido el de siempre: Noroña. Este legislador, que no titubeó en lanzar loas a Maduro en la Cámara de Diputados, y que ha reiterado su apoyo inequívoco a un régimen que no ha heredado más que hambre y desolación, se deshace en indignación por su camarada Maduro. Lo hizo, no obstante, no desde una barricada revolucionaria en Caracas, o desde una humilde casa en La Habana, sino desde Roma, la Ciudad Eterna.

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¿Tendrán idea personajes como Montero, Iglesias y Noroña, entre otros, que el 90% de los venezolanos, cuyo régimen ellos apoyan a viva voz, jamás podría siquiera soñar con practicar esquí o estirarse cómodamente en una cama de la clase premier de una aerolínea?.

En suma, los pueblos deben despertarse. La incongruencia y deshonestidad de estos sujetos deben ser denunciadas como actos que atentan contra la inteligencia y dignidad de muchas personas que, a pesar de la evidencia, se creen su discurso manipulador e hipócrita. No debe haber más “comunistas en Las Vegas”.