Hombres de bien, dice el presidente del Poder Judicial de Coahuila. Hombres de bien cuando lo que un hombre hace “bien” no es ni el 20% de lo que se le exige a una mujer para ser apenas una mujer “pasable”.

Un hombre de bien da los 300 pesos semanales que le exige el juez PORQUE SE LO EXIGE EL JUEZ. Una mala mujer, de esas que no dejan que los hijos vean al hombre de bien, tiene tres trabajos porque con $1200 al mes en cuatro pagos no se vive ni dos días.

Una mujer malvada entiende que los hijos no pueden ser alimentados con 300 pesos a la semana y que lo que el hombre bueno hace acatando al juez misógino y patriarcal es omisión de cuidados, y ¿cómo dejar ir al niño a casa del hombre bueno si ese buen hombre cree que con 300 pesos come TODA UNA SEMANA? ¿Con qué clase de comida alimentará ese hombre, qué clase de ropa le pondrá, qué calidad de cuidados le brindará si cree que puede hacer tres comidas al día, calzar y vestir con menos de 50 pesos pesos diarios a un niño?

Hombres de bien, dice el presidente (varón, por supuesto). Los mismos hombres que pagan colegios caros y miles de pesos en pensión al mes, pero que le gritan a la mamá del niño y de puta no la bajan, que le pegaron una ITS y que amenazan todo el tiempo con usar sus conexiones para separarlas del niño si acaso se atreven a denunciar el acoso o la violencia. Hombres de bien, porque las madres están buscando la manera de que no se lleve al niño a sus borracheras o con sus mil novias o con su familia paterna donde hablar de ella es peor que hablar de la basura y ellos se aseguran que lo escuche todo el tiempo.

Pero son hombres de bien, dice. Los unos o los otros. Los que no dan y los que dan. Y yo le digo: todos son violentos, todos necesitan un juez para medio cumplir o la violencia de la capacidad económica para controlar y seguir jodiendo la vida a quien antes juraban amar.

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Los hombres de bien no tienen tres trabajos, dan los centavos que les dicta el juez y ya. Los hombres de bien usan su dinero para acosar y prolongar la violencia sobre la madre de su hijo a través de sus propios hijos. Los hombres de bien no aprendieron a cuidar viviendo en familia. ¡Qué van a saber ahora! Solteros y sin responsabilidades, de acostar a la hora adecuada, alimentar sanamente, cuidar la higiene, vigilar tiempo en pantallas, hacer tareas y expresarse con respeto de la madre, si jamás lo hicieron mientras se les pedía ¿Cómo no tendrá miedo la mala madre si el hombre bueno no sabe nada del cuidado a un menor y solo lo pelea para presumir de buen padre frente a su novia y su mamá?

Los hombres de bien están aprendiendo a ser jauría y se apoyan de esas mujeres que necesitan ser vistas por los buenos hombres y validadas con la esperanza de ser amadas. Los hombres de bien hoy son un peligro para las mujeres y es nuestra responsabilidad que no se les olvide que somos manada y que después de liberarnos de su violencia en presencia no los vamos a dejar pasar para destrozarnos la libertad.

No asumimos ni aceptamos a los hombres buenos que ejercen violencia vicaria, violencia económica, ni violencia institucional y denunciamos a aquellos que usan sus puestos públicos para favorecer a los violentos y descartar a las víctimas femeninas reales y a sus hijos e hijas.

Ahora te pregunto, respetable hombre de bien a cargo del Poder Judicial de Coahuila: ¿cómo son los hombres de bien que tú conoces?

Porque aquí las mujeres nos pasamos de exigentes, ¿sabes? Aquí creemos que no basta proveer económicamente al hijo fuera de la relación de pareja ni elegir no violar y no matar, sino que en la cuestión de cuidado y crianza un hombre bueno debe andar al cien en funcionalidad básica también.

Hasta el orto estamos de hombres buenos que no saben que a los niños se les vacuna con un calendario específico, que las cargas de lavadora deben ser diarias, que las tareas escolares se hacen con calma y sin gritos, que las uñas se cortan con regularidad y cuidado, que los niños se duermen a las ocho de la noche y que cada que dejan sus calzones en el piso para ser recogidos por nosotras nos van restando vida... Y que no, tal vez no golpean, no matan, no controlan el dinero, pero su falta de funcionalidad emocional, de cuidados y en el hogar es elección y no una coincidencia y eso también nos va matando de a poco el espíritu.

Los hombres buenos también matan, sepultándonos de carga mental que después se transforma en un trastorno psiquiátrico con cuyo diagnóstico en mano después pretenden quitarnos a nuestros hijos.

Hay que ser muy cínicos, señor presidente, para hablar de hombres buenos cuando las pensiones máximas son del 20% para los varones y las madres ponen el 200% económico y el 100% en carga mental, de crianza y de funcionalidad doméstica.

A mí no me vengan a decir que los buenos hombres son quienes dan un 20% frente al 400% de la madre cuidadora porque, entonces, defíname, ¿qué se necesita para ser un buen hombre? Chance, me cambio el género y me va mejor, al cabo ya vimos que en Durango se vale hacer esa jugada para violentar más a la madre de un menor.

Muéstrame a un hombre bueno, uno de verdad, que cubra el 100% de lo que le corresponde en sostén económico, presencia, funcionalidad y cuidados, no me muestres a uno que acata la orden patriarcal del 20% de pensión porque ese no es un buen hombre, es un hombre obediente del violentísimo pacto patriarcal que nos obliga a sostener más de lo humanamente posible, bajo amenaza de perder a nuestros hijos, nuestra autonomía, nuestra independencia, nuestra carrera o la vida misma.

Anda, señor presidente, descríbeme a un hombre de bien porque no te estoy entendiendo.