No es un secreto para (casi) nadie que existe un desencanto a nivel internacional por la democracia liberal y con ello hacia los partidos políticos, que, si bien es cierto, han hecho su lucha por —renovarse y camuflarse— de alguna manera para sobrevivir, como por ejemplo autodenominarse movimiento para no sonar tan old, o llamarse de manera genérica: ciudadanos, Entre otras estrategias de marketing para pasar casi desapercibidos ante un electorado que repudia la partidocracia tradicional, la realidad es que de poco han servido esos esfuerzos en la mayoría de los casos.

Sin embargo, existen partidos y movimientos que se han adaptado y crecido como la espuma a pesar de esa ola mundial de rechazo al sistema de partidos políticos, como, por ejemplo, en la India, el Partido Popular de India tiene un padrón de militantes de más de 140 millones de afiliados, así como el Partido Comunista Chino, que en sus filas cuenta con más de 100 millones de adeptos, según datos del Instituto Nacional Electoral (INE), el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) cuenta con 12 millones de agremiados, lo que lo convierte en el partido político con más afiliados en la nación y en la región.

Se pudiera señalar en perspectiva que, si comparamos a MORENA con el PPI (de la India), existen más de 100 millones de afiliados de diferencia; no obstante, si cotejamos el número de posibles electores por nación contra el número de militantes, la realidad es que cuentan con un alto porcentaje de afiliación con base en el padrón electoral de su país y, derivado de ello, sus aplastantes resultados electorales no suelen ser casualidad, sino una probabilidad estadística altamente comprobable. Empero, ¿Qué está pasando con todos aquellos partidos políticos que día a día pierden militantes o que, por más esfuerzos que hagan, no más logran enganchar al electorado?

Las respuestas no son unifactoriales, pero encuentro varios denominadores comunes por los que atraviesan dichos partidos en nuestro querido México. Uno de ellos (no por ello el principal, pero sí uno que vale la pena revisar a detalle) es que sus plataformas electorales están muy ajenas a la realidad o, cuando menos, quien se encarga de comunicarlas lo hace desastrosamente; es decir, ¿Qué promueve u oferta cada uno de ellos con claridad? Cada vez los entiendo menos, más allá del desdibujamiento de sus ideologías, porque sus causas parecen ser más un tema reactivo anti-Morena que propuestas o luchas atractivas para la ciudadanía, donde muy pocas veces “conectan de manera eficaz y eficiente” con las audiencias electorales, más allá de un buen meme o alguna campaña local ajena a la estrategia nacional del partido al que pertenecen.

Se le debe reconocer al expresidente Andrés Manuel López Obrador algo en materia de comunicación política: que como actor político era muy práctico y sencillo para comunicarse con la población (y el electorado principalmente), que si bien muchas veces fue —menospreciado— por utilizar expresiones coloquiales, refranes, dichos o regionalismos, en la praxis la realidad fue muy distinta: conectaba magistralmente con muchas audiencias, que estaban hartas de escuchar y ver a políticas y políticos dar discursos con palabras rebuscadas que solo eran entendidas por ellos mismos y sus equipos en el mejor de los casos, ¿O acaso ustedes coadyuvan en lugar de ayudar?, y considero que el primer paso para no caer en ese desencanto es que sus estrategas proyecten sus banderas e intenciones de manera que hasta un infante les pueda entender.

Comuniquen para ser escuchados, no para su ego y desde el odio disfrazado de contraste. ¡Nos leemos pronto!