LA POLÍTICA ES DE BRONCE

En abril de 2008, en los diálogos públicos por la reforma energética, escuché por primera vez el tema del fracking o la fractura hidráulica. Entre las voces opositoras más firmes y convencidas a esta técnica de extracción de gas se encontraba una física y doctora en ingeniería, Claudia Sheinbaum. A finales de 2013 y en 2014, durante el proceso de aprobación de las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto, tanto el PRD como el Movimiento de Regeneración Nacional, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, se oponían tajantemente a la utilización del fracking en México. Incluso Benjamín Robles, en aquel tiempo integrante del grupo parlamentario del PRD y ahora diputado del PT, escribió un libro con el título: No al fracking.

Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se mantuvo esta línea política y económica y, al menos en el discurso, se sostuvo la decisión de no permitir la extracción de gas en México por medio de la fractura hidráulica. Si no lo hubiera visto, no lo creería. Hace apenas unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró en una de sus conferencias mañaneras que se integrará un comité de expertos para analizar la posibilidad de extraer gas de yacimientos no convencionales a través de la fractura hidráulica con una metodología, eso sí, corregida y mejorada.

¿Qué pasó? ¿Qué parte de la historia me perdí? ¿En qué quedamos: la fractura hidráulica es terriblemente dañina para la naturaleza? ¿Ya el fracking no es lo que era o simplemente no es lo mismo ser cantinero que borracho?

Hay un dato duro que es brutal y que refleja nuestra realidad en materia de energéticos y combustibles: el 60% del gas que consume México proviene del extranjero. Si queremos avanzar en lo que pomposamente llamamos soberanía energética, es necesario aumentar la extracción de gas, y parece que la fractura hidráulica es la vía más viable y quizá la única para lograr ese objetivo.

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Como muchos, quiero saber quiénes integrarán ese comité de expertos que presentará sus conclusiones para conocer las ventajas y desventajas de extraer gas natural por medio de la fractura hidráulica, corregida y mejorada.

Supongamos por un momento que la opinión de los expertos es positiva, que la presidenta reafirma su decisión de avanzar en la extracción de gas de yacimientos no convencionales. Si este escenario llegara a presentarse, es importante decir desde este momento que el proyecto sería de mediano y largo plazo. No se piense que, una vez tomada la decisión, al día siguiente estaremos dándole duro y tupido a la fractura hidráulica.

No se emocionen. Pemex no tiene ni el equipo, ni la tecnología, ni los recursos humanos para realizar esta técnica de extracción. Los equipos disponibles en Estados Unidos, según reportes periodísticos, están trabajando a tope y con varios contratos en fila; así que, si se confirma esta decisión, estaríamos extrayendo gas hacia finales del actual sexenio. Como Santo Tomás: hasta no ver, no creer.

Por lo pronto, tengo claro que nada bueno puede salir en el largo plazo de fracturar las entrañas del planeta. Hemos extraído por más de un siglo millones y millones de barriles de petróleo; algún costo se tendrá que pagar al planeta tarde o temprano, y será al contado.

Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.