Termina hoy el 2022 con enormes retos en el nuevo entorno internacional. Y la discusión en los países avanzados gira en torno a la necesidad de los gobiernos de contar con personal de alta calidad, es decir, muchos más servidores públicos de alto nivel, de excelencia, eficaces, pero con principios.

Los desafíos de muchos países son enormes: crisis energética y climática por la falta de inversión, inflación, recesión, economías que no crecen, desigualdad, falta de inversión en infraestructura, crisis de seguridad, sistemas de salud deteriorados, educación de mala calidad, heridas abiertas por la extrema polarización y las divisiones.

El dilema es evidente: el sector privado, por sí solo, no puede realizar las inversiones masivas necesarias para lograr un futuro promisorio. Pero los gobiernos tampoco pueden resolver estas crisis solos. Se requiere colaboración. Un hábil liderazgo político será crucial para mantener unidas a las sociedades y permitir que las comunidades y las empresas avancen.

Lo que muchos países necesitan desesperadamente son servidores públicos y políticos que estén dispuestos a cambiar y sean capaces de innovar. Ante la polarización y la división se requiere líderes con visión y grandes habilidades para la creatividad. Ante la urgencia y la necesidad de acciones para responder al cambio climático, las empresas pueden hacer un gran esfuerzo en lo que toca a la generación y uso de energía. Pero se requieren marcos regulatorios claros. De otra forma, no hay manera de lograr emisiones netas cero.

Las sociedades exigen servidores públicos preparados y gobiernos eficaces que garanticen el estado de derecho, estabilidad regulatoria y reglas del juego claras y permanentes. La historia reciente de los países nos dice que las iniciativas de ley que solo se basan en el juego político -y no en el sustento técnico ni en la coordinación- ponen en peligro a las democracias. Cualquier iniciativa de ley relevante exige un amplio apoyo público, diálogo con las comunidades y empresas, confianza, y la formación de coaliciones en todo el espectro político.

En el escenario de una recesión mundial, la acción gubernamental efectiva será crucial. Está en juego la viabilidad de muchas naciones. De las políticas públicas depende que millones de personas salgan de la pobreza extrema o se queden irremediablemente sumidas en ella. El gran reto de los gobiernos, entonces, es la inversión en salud, educación e infraestructura. Las sociedades exigen a sus gobiernos planificación y ejecución cuidadosas de las políticas públicas; evitar el despilfarro y combatir la corrupción. Será la única manera de restaurar el crecimiento económico.

Idealmente, la magnitud de los desafíos de los gobiernos en 2023 debería atraer a las mentes más brillantes al servicio público, a los ciudadanos más creativos y altamente motivados. Pero, en muchos lugares, los salarios del sector público se han hundido a niveles que hacen cada vez más difícil captar a los mejores talentos. El resultado es un déficit de personal en todos los niveles. El círculo vicioso es la reducción del gasto seguido por las renuncias.

Esto puede convertirse en un gran peligro para la siguiente década. Los desafíos permanecerán: enfermedades; conflictos internacionales; desigualdad; aumentar el bienestar de la gente; cambio climático; sostenibilidad; proteger la democracia y los derechos humanos. Pero creo que el mayor desafío de los próximos años será construir instituciones públicas y gobiernos efectivos.

No podemos permitir que se pierda la confianza porque algunos creen que nuestros sistemas económicos, sociales y políticos no están sirviendo bien a la gente. No podemos darnos el lujo de dejar atrás a nadie. El debate desinformado sobre la globalización o la regionalización, sobre la política económica eficaz, sólo desorienta. Sería muy grave que los líderes políticos se convirtieran en una élite desconectada y egoísta.

La realidad es que cada uno de nosotros dependemos de otros y de todos. Necesitamos, sin duda, una buena gobernanza y buen liderazgo público para trabajar juntos de manera efectiva. Ahora que inicia un nuevo año, tenemos la oportunidad de construir un futuro mejor. Sin duda que podemos hacer que los gobiernos y otras instituciones públicas funcionen mejor. Podemos comprometernos con la excelencia, con base en los principios y en la efectividad.

El discurso de los adversarios podría quedarse archivado en los cajones del viejo 2022. Las empresas no hacen política, no dirigen gobiernos ni protestan contra gobiernos; no abogan a favor o en contra de posiciones políticas específicas. Pero sí son un lugar de innovación, para desarrollar nuevas ideas, recopilar evidencia y difundir el aprendizaje, de modo que las personas que elaboran políticas y representan a los ciudadanos sirvan mejor a la sociedad.

Excelencia con principios significa seguir altos estándares morales. Sin servidores públicos eficaces y con principios, es más difícil hacer cambios positivos y sostenibles en las sociedades.

En octubre del 2020, Douglas Elmendorf, Decano de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, expresó claramente la necesidad de que los servidores públicos asuman plenamente cuatro estándares morales:

  • Entre las normas morales más importantes para los servidores públicos, la primera es la honestidad. Significa decir la verdad, tener integridad y ser digno de confianza.
  • Un segundo estándar moral crucial para los servidores públicos es el compromiso de servir a los demás. Eso significa creer en el valor de cada persona independientemente de su sexo, raza, etnia, origen, religión, género, orientación sexual o discapacidad. Se requiere empatía y compasión. Cada quien tiene la libertad de vivir sus vidas como elijan, libres de ataques y opresión. Necesitamos comprometernos con la inclusión. Las personas que son diferentes a nosotros pueden aportar mucho a nuestras vidas. La empatía y la compasión nos ayudan a construir sociedades cohesionadas.
  • Un tercer estándar moral clave para los servidores públicos es el respeto al diálogo entre personas con diferentes puntos de vista. En lugar de descartar a aquéllos con quienes uno no está de acuerdo, uno debe escucharlos y tratar de comprender sus puntos de vista. Los servidores públicos deberían estar abiertos a la posibilidad de que sus juicios no representen la verdad completa, y que la mejor manera de buscarla es escuchar a las personas que han formado juicios diferentes. Escuchar con generosidad puede requerir tanta valentía como hablar con coraje, porque es difícil escuchar a personas con las que uno cree que no tiene nada en común.
  • Un cuarto estándar moral para los servidores públicos es el respeto por las normas e instituciones de la sociedad. Además de adherirse a las normas existentes o cumplir con las instituciones existentes, el servidor público debe comprender su importancia y no dejarlas de lado casualmente, y luego trabajar para cambiarlas deliberadamente. Los servidores públicos con principios deben responsabilizar a otros por seguir altos estándares morales. Tal rendición de cuentas ocurre cuando las personas confrontan a sus oponentes y aliados que violan esos estándares. También se hace cumplir a través de normas e instituciones, incluido el estado de derecho, los controles y equilibrios entre las ramas y niveles del gobierno, la transparencia fomentada por un gobierno libre y vigoroso, prensa, sociedad civil y empresas comprometidas con los fines públicos.

Los servidores públicos de excelencia, con principios, pueden ser también servidores públicos eficaces. Para ello necesitan las herramientas y el conocimiento: un análisis riguroso, usando lógica, datos, inferencia estadística, detalles institucionales, comprensión científica, competencia social y experiencia histórica. Requieren competencias gerenciales porque dirigen organizaciones grandes y complejas. Tienen que aprender de comunicación, persuasión y negociación, porque los líderes públicos efectivos usan estas habilidades para comprender, servir e informar a las personas y hacerlas avanzar.

Los procesos políticos efectivos deben estructurarse para responder a las necesidades de la gente. Las democracias y la participación también requieren mecanismos para limitar el papel del dinero en la política. Los servidores públicos deben entender los peligros de los regímenes autoritarios. También deben comprender los roles y la importancia de un sector sin fines de lucro fuerte, un sector privado vibrante y responsable, y movimientos y asociaciones sociales a través de los cuales las personas articulan sus intereses y trabajan colectivamente.

En el 2023, el objetivo de todo gobierno en el mundo debería ser el de mejorar las políticas públicas y el liderazgo para que la gente pueda vivir en sociedades más seguras, libres, justas y sosteniblemente prósperas.