El ejército de Estados Unidos está en serios aprietos. Su agresión contra Irán ha agotado buena parte de sus misiles y defensas aéreas avanzadas en el transcurso de unos cuantos meses. Aún así, Trump, en defensa de la brutalidad de Israel contra sus vecinos en la región, insiste, ahora con una invasión militar en la nación persa.

Y los números no mienten. Una invasión terrestre exitosa contra Irán requeriría entre 750 mil y 1.5 millones de soldados. El ejército activo apenas llega a 452 mil. La aritmética es implacable: faltan tropas, y no sobra voluntad patriótica. Entonces, ¿qué hace una superpotencia en decadencia cuando no puede reclutar por convicción? Abusar de un sistema que endeuda a sus jóvenes desde la mayoría de edad.

La propuesta, del Jerusalem Post, disfrazada de un barniz de pragmatismo, es tan simple como siniestra: un programa federal de condonación de deudas a cambio de servicio militar. Veinticuatro o 36 meses en el ejército y adiós a los préstamos estudiantiles, a las tarjetas de crédito, a las deudas personales que asfixian a una generación entera. Porque el estadounidense promedio de 18 a 34 años de edad debe más de 40 mil dólares, y en muchos casos hasta 100 mil, sin contar hipotecas. Se trata de una sentencia de esclavitud de por vida.

El Pentágono no necesita soldados convencidos; necesita soldados desesperados. No busca patriotas, busca deudores. Ganado de sacrificiio para Israel, que vean el uniforme no como un símbolo de servicio, sino como la única salida a un sistema que los endeudó desde la universidad, los precarizó en el mercado laboral y ahora les ofrece un trato macabro: tu vida por la existencia de Israel y, si sobrevives, por tu libertad financiera. He ahí.