La política, en su esencia más pura, es el arte de escuchar. En tiempos de polarización, esa escucha a menudo se convierte en un acto de valentía. Hoy es necesario reconocer la labor que el diputado Jesús Sesma, como presidente del Congreso de la Ciudad de México, ha desempeñado al frente de uno de los recintos más vibrantes y complejos del país.

Desde el inicio de su gestión, el diputado Sesma ha marcado una pauta de cercanía permanente y transparencia. No es un presidente de escritorio; por el contrario, ha demostrado que su compromiso está en la calle, en la primera línea de atención. Ante cualquier manifestación, sin importar la bandera o la causa, el diputado ha salido personalmente a dar la cara, a escuchar y a buscar soluciones para todas y todos por igual.

No obstante, esta apertura ha tenido un costo físico. En diversas ocasiones, al intentar establecer puentes de diálogo, el legislador ha sido víctima de agresiones injustificables. Es aquí donde debemos ser tajantes: nada justifica la violencia. El derecho a la libre manifestación es sagrado en nuestra democracia y siempre será defendido, pero este termina donde comienza la agresión al prójimo. Manifestarse no es sinónimo de lastimar a otros, violentar el orden público o destruir el patrimonio histórico, como la ruptura de cristales en el recinto legislativo.

Es fundamental también extender un reconocimiento a las y los elementos de seguridad del Congreso capitalino, quienes con profesionalismo resguardan la integridad de quienes ahí laboran. Su labor es la primera barrera contra el caos, tristemente al cumplir con su trabajo han resultado violentadas y violentados. Existe una urgencia inaplazable de que ningún acto violento quede impune. Ampararse en la libertad de expresión para cometer delitos es una distorsión que la justicia no puede permitir.

Proteger el recinto del Congreso no es solo cuidar un edificio, es proteger la casa de la democracia de las y los capitalinos y garantizar la seguridad de las y los trabajadores que, día con día, hacen posible la vida legislativa. La transparencia y el diálogo que abandera el diputado Jesús Sesma deben ser correspondidos con civismo. Solo así, mediante el respeto mutuo, podremos construir la ciudad que todas y todos merecemos.

El Congreso es el espejo de nuestra sociedad. Por ello, la invitación es a entender que la política no se construye con golpes ni cristales rotos, sino con argumentos y respeto. Juntas y juntos impulsemos una cultura de paz donde el diálogo sea la única herramienta de transformación.