La última esperanza de la oposición conservadora en México. De eso trata el texto de este miércoles de Epigmenio Ibarra, en Milenio, “El síndrome Miramón; entre tontos útiles y traidores”.

Ibarra, obviamente, por Miramón se refiere a Miguel Miramón, quien apoyó la intervención extranjera que hizo a Maximiliano de Habsburgo emperador del Segundo Imperio Mexicano.

¿De qué traidores y tontos —y traidoras y tontas— útiles habla Epigmenio? De gente de la actual oposición conservadora que ha depositado sus últimas esperanzas de vencer a la 4T “en una improbable y suicida (para EEUU)” intervención militar estadounidense en México.

Es una oposición que ya se rindió. Es decir, en la lucha democrática. No cuenta la oposición con los votos que se necesitan para derrotar a Morena, entonces “sin liderazgos reconocidos y respetados por la gente”, sus integrantes piensan que solo EEUU puede darles el poder que son incapaces de obtener en las urnas electorales.

“Y por eso hay quienes —sigo citando a Ibarra—, entre las y los opositores y sus voceros de la comentocracia, han decidido actuar como tontos útiles al servicio de los halcones que, en Washington, presionan por una acción militar en nuestro territorio mientras que otros han optado franca y decididamente por la traición”.

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Tiene razón Epigmenio Ibarra, esas personas traicioneras y tontas poco o nada aprendieron de la lección de Venezuela: “Desechables son para el imperio quienes, como María Corina Machado y a pesar de su premio Nobel, le abren paso”.

Quienes apoyan activamente una acción militar extranjera irán al panteón nacional de la infamia: Juan Nepomuceno Almonte, José María Gutiérrez Estrada, Antonio López de Santa Anna, Miguel Miramón, Tomás Mejía, Victoriano Huerta…

Epigmenio concluye: “Cegados por la rabia como están, desmemoriados como son, esas y esos que padecen el síndrome Miramón, no se dan cuenta de que los 3 mil 500 kilómetros de frontera, los 40 millones de mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos, las dos economías que se necesitan vitalmente entre sí, nuestra propia historia, los valores de nuestro pueblo, su conciencia y su dignidad recuperada nos protegen tanto de la ambición imperial como de la traición”.

Sin duda, el pueblo de México ni desea ni apoyaría una intervención extranjera. Un encuestador serio, Rodrigo Galván de las Heras, lo ha demostrado en una medición demoscópica reciente.

En esa encuesta la calificación promedio de la presidenta Claudia Sheinbaum es de 70.4 —altísima, entre otras razones porque ella ha decidido, sobre todo, defender la soberanía cada vez que habla con el presidente de Estados Unidos—.

Y, en la pregunta de ¿cómo se sentiría usted “con un posible ataque del ejército de Estados Unidos a instalaciones del narcotráfico”?, el 76% expresó opiniones negativas: preocupado, desconfiado, enojado.

Está claro que la sociedad mexicana rechaza a quienes desean imitar a Miramón y el resto de personas traidoras.