La semana pintaba complicada para Samuel García, pues la sorpresiva alianza legislativa entre Morena y el PRIAN con la que la líder nacional de Morena Luisa María Alcalde buscó acotar el margen de acción de la administración estatal. Presupuesto atorado, discursos cruzados y una narrativa que buscaba instalar la idea de aislamiento político. Pero la política, como la vida pública, tiene un componente que no siempre cabe en los acuerdos de escritorio, la reacción de la gente.

Esta situación generaba para muchos incertidumbre en el clima político, pues el fin de semana había programada una visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Nuevo León, sin embargo contra el pronóstico de la oposición, el encuentro terminó siendo todo menos frío. Hubo cooperación institucional, actos concretos y, sobre todo, un ambiente que desbordó lo protocolario. En eventos públicos, la ciudadanía gritó “¡presidente!”, al gobernador. No fue un guion, ni una consigna organizada; fue un reflejo espontáneo que dice mucho más de lo que cualquier boletín puede explicar.

Mientras en el Congreso se tejen alianzas presurosas, en la calle se perciben resultados. Y ahí es donde la ecuación empieza a cambiar. La alianza MorenaPRIAN no surge de una fortaleza compartida, sino de una debilidad evidente. Escándalos nacionales, como el asesinato de Carlos Manzo y otros episodios que han golpeado la credibilidad del partido guinda, provocaron un retroceso en simpatía y confianza. Ante ese desgaste, la reacción fue cerrar filas hasta con aquellos que antes eran adversarios.

La paradoja es evidente. Morena, que durante años construyó su discurso contra el “PRIAN”, hoy se acerca a ellos para frenar un proyecto que, guste o no, está entregando resultados visibles en Nuevo León. El argumento oficial habla de presupuesto responsable y austeridad, pero la lectura política es evidente. Contener un crecimiento que ya incomoda rumbo a 2027.

Mientras eso ocurre, los hechos avanzan. Obras, no discursos. Coordinación, no confrontación. Y en cada acto de la gira de la presidenta Sheinbaum, el gobernador estuvo ahí, no como figura marginal, sino como actor central. Eso también es un dato político que muy a pesar de la oposición se terminó de concretar con la publicación del periódico El Norte, un medio que no se caracteriza por aplaudir a la administración estatal, pero los números hablan solos y Movimiento Ciudadano apareció con una amplia ventaja rumbo a la gubernatura de 2027. Con Mariana Rodríguez Cantú, las preferencias alcanzan 45 por ciento. Con Luis Donaldo Colosio Riojas, 39 por ciento. En ambos escenarios, el virtual candidato del PRIAN, Adrián de la Garza, no supera el 32 por ciento. Morena, por su parte, aparece rezagada con perfiles poco competitivos. Luisa María Alcalde dijo que ella no ve a un México que quiera ser gobernado por MC, pero tampoco ve a los miles de ciudadanos decepcionados con el oficialismo de morena.

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Más allá de los nombres, el fondo es otro. Movimiento Ciudadano es hoy el partido con mayor identificación ciudadana en Nuevo León. No por pleitos, ni por discursos incendiarios, sino por una narrativa que se sostiene en resultados: seguridad con mejores indicadores, inversión internacional, obra pública en marcha y una agenda que se comunica con hechos. Esto no significa que todo esté resuelto, pero sí demuestra algo relevante en el contexto nacional: se puede construir una opción competitiva sin entrar en confrontaciones estériles. Trabajando, entregando resultados y aguantando el ruido.

La oposición tiene mucho trabajo pendiente. Entre escándalos internos, alianzas contradictorias y discursos que ya no convencen, los naranjas les están comiendo el mandado. Y no desde la estridencia, sino desde la constancia. Al final, la política no se define solo en el Congreso ni en las cúpulas partidistas. Se define en la percepción ciudadana. Y hoy, al menos en Nuevo León, esa percepción empieza a mandar un mensaje incómodo para muchos: las alianzas pueden sumar votos, pero solo los resultados construyen respaldo real.