Estar en las buenas es un ejercicio de comodidad, quedarse en las malas es un acto de carácter, esto es algo que a lo largo de mi vida me ha repetido mi papá. Esta máxima, que aplica con precisión quirúrgica en nuestras relaciones personales, encuentra su reflejo más crudo y descarnado en el escenario de la política actual. En ambos mundos, el éxito actúa como un imán potente, pero es la adversidad el único filtro real capaz de revelar la verdadera naturaleza de las personas.

Cuando el poder sonríe, la mesa siempre está llena. En la vida cotidiana, el dinero, los cargos, la fama o la simple estabilidad atraen a una corte de acompañantes entusiastas. En la política, el fenómeno se multiplica, los pasillos se saturan de elogios, las llamadas se contestan al primer timbrazo y abundan los leales de ocasión dispuestos a aplaudir cualquier ocurrencia. Es la época dorada de las palmadas en la espalda. En ese ecosistema de conveniencia, distinguir la autenticidad es una tarea prácticamente imposible, pues el interés propio se disfraza hábilmente de convicción.

La rueda de la fortuna nunca se detiene. El verdadero catalizador de la verdad surge cuando llegan las crisis, las derrotas electorales o el implacable olvido del servicio público. Es ahí, cuando el barco empieza a zozobrar, donde se desatan las verdaderas identidades. Los teléfonos dejan de sonar, las agendas se vuelven selectivas y quienes antes juraban lealtad eterna comienzan a buscar la siguiente sombra donde cobijarse.

Este fenómeno no debe leerse únicamente como una muestra de cinismo, sino como una valiosa lección de supervivencia humana y política. La fragilidad de los momentos difíciles purifica el entorno. Quien se queda a tu lado cuando no tienes nada que ofrecer, ni un puesto, ni un favor, ni una influencia, posee un valor incalculable. Esos pocos que resisten el frío de la llanura son los que sostienen los proyectos a largo plazo y las amistades de por vida.

Al final, la política y la vida comparten la misma esencia humana. No te fíes de la multitud que te rodea en la cima, observa con atención quién permanece de pie junto a ti cuando todo lo demás se ha derrumbado. Solo en la tormenta se conoce, de verdad, quién es quién. Por eso, blindemos nuestros entornos con la fuerza de los valores reales y, frente a cualquier adversidad, juntas y juntos impulsemos un camino basado en la congruencia, la verdadera empatía y la lealtad inquebrantable.

X: @JennIslas