Es importante reflexionar sobre una libertad que a menudo damos por sentada, pero que es el pilar invisible de nuestra convivencia: la libertad de prensa. En un entorno saturado de información, de fake news, donde el rumor viaja más rápido que el dato verificado, la labor de informar se ha vuelto un acto de resistencia.

La libertad de prensa no es una propiedad de los medios, sino un derecho de la ciudadanía. Es la herramienta que nos permite asomarnos a las decisiones que nos afectan, cuestionar lo establecido y dar voz a quienes han sido silenciados por el poder o la indiferencia. Hoy esa libertad enfrenta amenazas que van desde la violencia directa hasta el sutil acoso en redes sociales y la desinformación programada.

Cuando la prensa retrocede, la oscuridad avanza. Una o un periodista que puede preguntar sin miedo es la garantía de que la transparencia no sea solo un discurso, sino una realidad tangible. Proteger este oficio es, en última instancia, protegernos a nosotros mismos y a nuestra capacidad de decidir sobre nuestro futuro con conocimiento de causa.

La construcción de una sociedad más justa y transparente no es tarea de un solo sector, sino un compromiso colectivo que requiere valentía y empatía. Hoy más que nunca, es vital que juntos y juntas impulsemos un entorno donde la palabra sea libre, la verdad sea el norte y el respeto a la información sea la base de nuestra democracia.

Jennifer Islas, política y conferencista