Así como lo hicimos con Andrés Manuel López Obrador, efectivamente, hemos dado seguimiento a las actividades de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Como son tiempos recientes, básicamente por la información que fluye de los distintos mecanismos de comunicación, tenemos acceso a las acciones y prontitudes de trabajo que realizan quienes están al frente de una encomienda como esta. Lo más pertinente, desde luego, es guiarse por los instrumentos oficiales o, de plano, por las conferencias matutinas que ofrece la jefa de Estado por las mañanas. Al desarrollarse con total transparencia y franqueza, la narrativa de la mandataria —en cualquiera de los temas— habla siempre con la verdad. Al involucrarnos en todo ese entorno, nos damos cuenta de la magnitud de las políticas públicas que se signaron por compromiso. Ese deber, como punto de partida, ha ido aterrizando y maniobrándose porque se han logrado aprobar leyes y reformas constitucionales que garantizan el acceso a muchos beneficios que podemos puntualizar en acompañamiento y asistencia a los derechos universales de las familias.
A partir de que Claudia tomó el poder de las instituciones federales, no solo cumplió con darle continuidad a los pendientes por el cierre de actividades de López Obrador, sino que creó un andamiaje de ideas que hoy están revolucionando las políticas públicas. El gobierno, por ejemplo, se ocupó de la demanda de atención que la ciudadanía realizó. Hoy, como nunca, la población tiene acceso a un programa de IMSS-Bienestar que, con mucha ampliación, está dando resultados, básicamente porque en los medicamentos que se suministran y la revisión médica con especialistas siempre se ha procurado que llegue a cada uno de los rincones, inclusive de las comunidades de difícil acceso. Para no ir muy lejos, estamos hablando de una transformación auténtica. Antes de que se concretara eso, con promesas y propuestas, siempre se promovieron esas políticas, pues AMLO y Sheinbaum, personajes de lucha, persistentemente supieron dónde estaban los sectores marginados.
Con honradez y transparencia, evidentemente, el programa integral de la presidenta no solo ha ido atendiendo temas prioritarios como seguridad, desarrollo, empleo, salud, educación y acceso a los programas de asistencia, sino que también ha procurado voltear la mirada a un asunto crucial que es, en definitiva, el derecho a una vivienda digna. Podemos decir que, con ello, dado el avance que se ha dado hasta ahora, ese quehacer se ha trasladado a quienes más requieren la atención, eso sí, con requisitos que están al alcance de todos. Desde una perspectiva de igualdad, dado el esfuerzo que le imprimen a sus responsabilidades de trabajo, hombres y mujeres, a lo largo y ancho del país, se inscriben al programa de Vivienda del Bienestar. Con ello, obviamente, la administración de Sheinbaum busca que la mayor parte de esa clase trabajadora tenga acceso a un espacio digno que, a la postre, se convertirá en un patrimonio producto del esfuerzo y la cultura del trabajo de años.
Eso demanda una planeación a largo plazo porque estamos partiendo de una infraestructura enorme que se asentará en los municipios. Estamos hablando, ni más ni menos, de un espacio en el que miles de familias podrán tener todos los servicios básicos, eso sí, privilegiando que sean viviendas con materiales de alta calidad para su durabilidad. Justamente en este momento, donde se ha ido avanzando en demasía, hemos sido testigos de que miles de familias, al ser candidatas por cubrir los requerimientos, reciben de manos de las autoridades correspondientes las llaves de su nuevo hogar. Con una vivienda, por ejemplo, una familia puede hacer planes y programarse mejor para sus actividades diarias. De hecho, tenemos muchos elementos para asegurar que, como tal, estamos en presencia de una de las políticas sociales con mayor grado de humanismo, máxime para que miles de núcleos familiares tengan una calidad de vida digna y justa.
Lo vemos aquí y por todos los frentes del proyecto de transformación: las políticas públicas que aterrizan tienen un estricto sentido de compromiso por mejorar los espacios de convivencia. Todo eso, por un lado, ayudará a cerrar las brechas de la desigualdad que, en tiempos del neoliberalismo, simple y sencillamente fueron ignoradas, dado que esos gobiernos se rehusaban a realizarlo por el flagelo de la corrupción que reinaba en las instituciones del Estado. Hoy, por fortuna, esa perspectiva cambió porque antes del interés individual está el desarrollo colectivo que, por supuesto, se ha sostenido de este humanismo que cuenta con una visión a largo plazo.
Una vivienda, como las que se están ofertando en Bienestar, será duradera porque cuenta con materiales de primera calidad. Eso significa que el hogar o el espacio de convivencia serán duraderos y, lo mejor, pasarán de generación en generación al ser un patrimonio. La clave de todo ello es que se abrieron las puertas y se facilitaron los requisitos para que las familias sean partícipes. De hecho, uno de los grandes impulsores —al que le llamamos un pilar— son las administraciones estatales, que son el primer filtro para ser candidatos a una casa. Si hay algo de efectividad en esta tarea, sin duda, es el trabajo arduo de los gobernadores que, hace poco, se reunieron con la presidenta constitucional en las inmediaciones de Palacio Nacional.
De manera coordinada, por ejemplo, vemos muy avanzados los trabajos de construcción de vivienda en San Luis Potosí, de Ricardo Gallardo. Lo mismo podemos decir de Veracruz, donde Rocío Nahle ha hecho un trabajo excepcional. En esa tesitura, contabilizando el número de hogares, podemos citar el buen trabajo de Alfonso Durazo en Sonora, lo mismo que de Miguel Ángel Navarro en Nayarit. Ese impulso también lo miramos de cerca con Clara Brugada, Marina del Pilar, Layda Sansores y Evelyn Salgado, de Guerrero. Y, por si eso fuese poco, también encontramos mucho progreso en la edificación de inmuebles en las entidades de Chiapas, Michoacán, Puebla, Estado de México, Yucatán y Tabasco. En todos esos enclaves que mencionamos al último, con una planeación de primera, la puesta en marcha de las viviendas cuenta con una atención personalizada de los mandatarios que entendieron a la perfección la forma de encargo de Sheinbaum; o sea que, levantando esa bandera del mandato popular, trascendieron personajes como Eduardo Ramírez, Alejandro Armenta, Javier May, Alfredo Ramírez Bedolla, Margarita González Saravia, Julio Menchaca, Indira Vizcaíno, Salomón Jara y Américo Villarreal.



