Recientemente trascendió la noticia de la salida de Hernán Gómez Bruera, analista político y periodista de la mesa de —debate político— de las mañanas conducida y moderada por Luis Cárdenas para la cadena de MVS Noticias, esto derivado de una disputa durante el programa entre los dos antes mencionados y Juan Ignacio Zavala, puesto que Hernán se quejó de cómo se venían desempeñando las mesas y la pérdida de ecuanimidad y orden en las mismas, ya que señaló que Cárdenas y Zavala hacían mancuerna contra Gómez Bruera en razón de convertirle en un patiño y piñata donde se descargaban sus frustraciones contra la Cuarta Transformación.
Debo confesar que me gusta mucho la mesa por diversas razones y soy parte de su audiencia habitual. La primera de ellas es que a Hernán Gómez (también conocido como el Facundo de la 4T) siempre le he considerado como un analista serio y objetivo de izquierda, es decir, en contraposición con gran parte de sus símiles que francamente se han convertido en vulgares jilgueros y chayoteros que no tienen recato en muchas veces defender cosas indefendibles con tal de seguir viviendo del presupuesto. Él, junto con otros pocos como: Julio Astillero, Carmen Aristegui, Viri Rios o Poncho Gutiérrez; se nota su buen oficio en la mayoría de los cuestionamientos que plantean, y que muchas veces han sido en contra de los gobiernos emanados de Morena y sus aliados.
En ese mismo orden de ideas, consideraba que las mesas eran parte de un buen ejercicio periodístico y democrático, donde posturas políticas e ideológicas encontradas debatían sobre temas actuales desde una óptica que permitía a la audiencia reflexionar sobre ello. Sin embargo, y ahí sí coincido plenamente con Hernán, poco a poco se fue convirtiendo en un espacio donde predominaba el insulto y la descalificación fácil y ramplona, más allá del análisis profundo con argumentos y datos que lo sostuvieran; donde, en bastantes ocasiones, fueron secundados por el mismo conductor esos enfrentamientos desordenados y vulgares, ya que Luis Cárdenas cobraba partido del lado de Zavala, en lugar de moderar y propiciar el diálogo e intercambio de ideas, siendo juez y parte.
Ante tal situación, se han desatado múltiples debates en redes sociales y programas periodísticos sobre lo acontecido, puesto que lo que se vivió en el programa es el reflejo claro de lo que está atravesando nuestra nación: polarización y agresión sin espacio para el diálogo constructivo, propiciado por ambos lados, desde una esquina por los gobernados y desde la otra por los gobernantes, encontrándonos entrampados en la cerrazón que impera y parece no encontrar conciliación ni mediación. Ojalá en alguien quepa la prudencia un día, porque nadie “gana del todo” en un esquema así; por ende, el problema no radica en Hernán, ni en Juan Ignacio o Luis, sino en su incapacidad de poder construir desde la confrontación civilizada sin la necesidad de agredir.
En el box se reglamenta la agresión; en otras palabras, existe todo un código de dónde, cuándo y cómo se puede golpear al contrincante para que dicho enfrentamiento no se vuelva una pelea callejera y se salga del ámbito deportivo, pues así debieran funcionar esas mesas de análisis, donde la razón no salga por la ventana cada vez que habla “el otro”, sin la capacidad de poderle escuchar, disentir y debatir de forma organizada para que todas las voces sean escuchadas en aras de la construcción de una mejor democracia. Mientras tanto, lamentaré la partida de Hernán de la mesa; se le extrañará. ¡Nos leemos pronto!
