El analista político y periodista Hernán Gómez Bruera propuso al aire, en el programa de debate político, una mesa de debate donde ya solo dos personajes grises y amargados, dado el repudio popular del que gozan, como lo son Luis Cárdenas (otro “simpatías”), no hacían ya sino, a falta de conceptos y argumentos sólidos, burlarse de la persona de Hernán. Propuso precisamente eso: un giro que diera algo de seriedad y respeto, tanto al público como a Hernán. Zavala, cuñado del chacal Felipe Calderón, no aceptó. Gómez, pues, antepuso de manera ejemplar su dignidad y anunció su renuncia a dicho programa, convertido ya en un bodrio de gritos, pésimos chistes y ruidos que molestaban a la audiencia, a grado tal de verse obligados a cambiar el dial de sus aparatos receptores.

Se quedan, pues, los dos personajes de marras solos, a ver qué otro analista lleno de odio e impotencia contra la 4T, con la cual no pueden ni podrán en lo que les quede de vida, invitan; que no puede ser sino algún Javier Lozano u otro de esos pésimos cómicos involuntarios que desde hace un buen rato perdieron la brújula, cayendo en aquello en lo que se cae cuando los argumentos (y el peso en cuanto a líderes de opinión) se derrumban: la grosería, lo corriente y el convertirse en personajes que, al verlos o escucharlos, no son más que una suerte de patada en las partes nobles.

Bien por Hernán, y que tanto ese espacio como también el periódico Reforma, y recientemente la devaluadísima en credibilidad TV Azteca —también por ahí están Atypical TV y Latinus—, sigan hablándose a sí mismos en su cuarto de espejos, jurando que sus opiniones impactan en la opinión pública, que no es su base sino ese número que, sumado, arroja un tristísimo 19 % del electorado (menos lo que se acumule este mes), pensando que cada vez son más, cuando realmente son esos mismos rostros reflejados en esos espejos, a los que tanta fascinación y misterio causaban al gran Jorge Luis Borges, y seguramente aumentando su cantidad de veneno, frustración, bajísima credibilidad y odio estéril.