El derecho a la salud no puede discriminar por género, edad ni condición social. Así como resulta indispensable visibilizar y defender la importancia de proteger la salud de niñas y mujeres en todas las etapas de su vida, hoy es un deber ineludible alzar la voz por los hombres. En este Día Mundial del Cáncer de Próstata, que coincide con la inauguración del Mundial, la conversación debe salir del tabú médico para convertirse en una exigencia urgente de justicia social.

La realidad es cruda, este tipo de padecimiento es uno de los más frecuentes y mortales en la población masculina, pero su peor aliado es el silencio. Por un lado, persisten prejuicios culturales que alejan a los hombres de los consultorios, por el otro, existe una profunda brecha económica. La salud es un derecho humano fundamental, no un privilegio de quienes pueden costearlo. No todas las personas tienen la capacidad económica para pagar consultas privadas, estudios de laboratorio o tratamientos médicos que suelen ser devastadores para la economía familiar.

El cuidado de la vida no puede ser un llamado individual si no viene acompañado de un respaldo institucional. Las y los expertos en medicina coinciden en que el cuidado empieza en la alimentación y en el movimiento diario. Las pautas sugieren adoptar una dieta rica en antioxidantes, disminuir el consumo de carnes rojas, mantener una vida sexual activa y saludable, así como tener el peso corporal adecuado y realizar actividad física de forma regular. Se enfatiza que evitar el tabaquismo y moderar el consumo de alcohol reduce el riesgo de desarrollar complicaciones graves.

Dado que este padecimiento en etapa temprana no suele dar síntomas, los buenos hábitos deben complementarse con revisiones médicas periódicas. Las y los profesionales establecen que todo hombre con un riesgo promedio debe iniciar sus evaluaciones anuales a partir de los 50 años. Esta edad debe adelantarse a los 40 o 45 años si existen factores de riesgo elevado, como tener familiares directos con esta condición. Los dos pilares clínicos indispensables para salvar vidas son el análisis de sangre específico y la revisión física directa, herramientas rápidas que permiten identificar anomalías a tiempo.

Es urgente garantizar que cada hombre tenga acceso gratuito y de calidad a consultas de prevención y a información clara que le permita anticiparse a la enfermedad. El gobierno debe asegurar mecanismos reales para una detección a tiempo, atención gratuita, digna y eficaz. Salvaguardar la vida de cada hombre, requiere políticas públicas con presupuesto y voluntad.

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Hacer valer el derecho a la salud es una tarea que nos beneficia a todos y a todas, porque una sociedad sana se construye sin dejar a nadie atrás.

Juntas y juntos impulsemos el acceso equitativo a la salud para salvar vidas.

Jennifer Islas. Política y conferencista.

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